37 kms. en 22.200 brazadas: nadando de Capri a Nápoles

El cálculo es fácil, cuando nado 100 metros necesito 60 brazadas para completar la distancia, si quiero nadar 1.000 metros necesito 600, si la distancia a nadar son 10.000, las brazadas aumentan hasta las 6.000, y si el reto es nadar 37.000 metros, la respuesta es: 22.200 brazadas.

Todo lo que tiene que ver con la Capri Nápoles, “la Maratona” como la conocen en Italia, asusta. 37km nadando uniendo la isla de Capri con la ciudad de Nápoles, sólo 10 nadadores seleccionados entre las cientos de peticiones llegadas desde todo el mundo, un desafío no competitivo, que acompaña a la legendaria copa del mundo desde 2009. Por si la dificultad de la distancia a nadar fuera poco, se unen al reto dos factores clave: la travesía se disputa sin neopreno y hay tiempo límite, 10horas, si no alcanzas la meta en ese tiempo estás fuera.

Esta prueba está más allá del dolor, sólo, en medio del mar, en los momentos de flaqueza no puedes sentarte, descansar y recuperar, lo único que puedes hacer es dar una brazada tras otra.

La dureza de la travesía no se puede comparar con la agonía de los entrenamientos, aquí no hay profesionales, sólo personas que persiguen sus sueños, uno se levanta, va a trabajar, hace su día a día, como todos, pero mientras los demás descansan, uno está ahí, en la piscina luchando contra los mensajes de “no puedo más” que se repiten en la mente.

El único modo de enfrentarse a la Capri Nápoles es desafiándose a uno mismo día a día, sumando metros y esfuerzos hasta el momento de la prueba.

Hay muchos miedos, pero sobre todos destaca uno, el frío. Ya sufrí una hipotermia una vez y creedme esa sensación me viene a la cabeza cada vez que entro en el mar. Enfrentarse a temperaturas de 18 grados hace que lleves tu resistencia al límite con el riesgo de sobrepasarlo sin darte cuenta del peligro que ello conlleva.

En la Capri Nápoles, no puedes controlar nada, corrientes, olas, medusas y otros imprevistos los decide el mar. Dolores, mareos, vómitos dependen del cuerpo con el que uno se levanta ese día. En la única cosa que te puedes concentrar es en hacer la siguiente brazada.

Aquí, es todo o nada, meses de duros entrenamientos, sacrificios, y de cansancio extremo se concentran en un sólo día. Si acabas la gloria será eterna, si abandonas la desilusión te acompañará hasta la próxima vez que te propongas desafiar tus límites de nuevo, pero la derrota no existe en este reto. Estar en la línea de salida el próximo 4 de julio es la mayor de las victorias.

 

Autor: Santiago Ferrada

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