El Ultra Trail Mont Blanc en primera persona por Anton Krupicka

El corredor de Nebraska corrió por segunda vez en su vida el Ultra Trial del Mont Blanc (UTMB) con el objetivo de redimirse de su abandono en el 2013. Esta vez, terminó, pero su experiencia no fue del todo satisfactoria.

Anton Krupicka es un ícono del Ultra Trail y después del abandono en la anterior edición, en la que llegó a estar líder durante las horas nocturnas, Anton no llegaba en el mejor momento de forma a la cita de Chamonix.

“No me comprometí a correr el UTMB hasta dos semanas antes de la carrera. Apenas había corrido durante los meses de julio y agosto e incluso llegué a inscribirme en la Bear 100 para no perder opciones de cara a la próxima Hardrock. Pero esas dos últimas semanas y el incentivo de correr el UTMB me hicieron decantarme. Tras ello, viajé a Chamonix y una semana de entrenamiento para compartir salida con otros 2.400 corredores”.

“Me repetía a mí mismo que podría estar entre los primeros e incluso ganar, aunque objetivamente hablando, tras mi victoria en la Lavaredo Ultra Trail, mi mayor logro había sido poder completar una hora de entrenamiento en las montañas de Colorado. Mi espinilla no me había dejado entrenar y a cualquier esfuerzo respondía con dolor”.

“Una vez dada la salida, seguí mi estrategia de comenzar a ritmo conservador, llegando a Les Houches entre mucha gente y con las mejores chicas. Los primeros descensos me dejaron inseguro y los cuads flojos. Estoy tan alejado de la cabeza de carrera que no me siento uno de los candidatos a la victoria”.

“La subida a Les Contamines fue como el año anterior, tranquila y pasando a algunos corredores. Pero esta vez llovía a cántaros. En ese momento estaba ya en el Top 20 y con unos 13 minutos con los líderes, pero sintiendo que tenía todo bajo control. Entonces llegué a Notre Dame de la Gorge, donde comienza el terreno alpino y donde siempre suelo recortar tiempo. Además, los aficionados que iluminan el camino con hogueras y antorchas demuestran que el UTMB es una locura y casi siempre por aspectos positivos”.

“Antes de La Balme alcancé a Mike Foote y Jason Schlarb, a los que al poco dejé atrás. La niebla era cada vez más intensa y luchaba con mi frontal para tener la mayor visibilidad posible. Al descender hasta Les Chapieux la niebla cesó y me puse en “modo caza”. Con todo el lío, no sabía ni en qué puesto estaba, por lo que me sorprendí cuando me dijeron que iba 5º a pocos minutos de los líderes”.

“En el ascenso de Col de la Seigne me comprometí a dar alcance a los líderes, pero sabiendo que el año pasado me quemé demasiado en estas subidas y lo pagué. Me llegué a poner a solo 4 minutos de los líderes, pero tras un par de paradas obligatorias, la diferencia volvió a ser de unos 8 minutos”.

“La subida al Refugio Bertone fue un placer. Iba solo, disfrutando la claridad de la noche y las luces del pueblo que iba dejando atrás, pero fue cuando mi estómago comenzó a sentirse mal tras tomarme un gel y cuando llegué al siguiente punto de control, llené mi botella de coca-cola, aunqueentonces ya sentía muchas nauseas”.

“Me vinieron muchos recuerdos de la Leadville de 2010, donde sufrí hipoglucemia e hipotermia. Que me pasara en Italia y en medio de la noche era descorazonador, así que mi nuevo objetivo era llegar al refugio Bonatti sin perder la conciencia. En el refugio tomé algo de sopa y entre eso y que me dijeron que los de delante no iban tan bien, me subió la moral y salí con ánimo del avituallamiento”.

“Pero ello no mejoró mi situación física y seguí con mareos hasta llegar a Arnuva, en el kilómetro 95. Seguía sorprendido de que nadie me hubiera adelantado. Con la salida del sol, sólo pensaba en llegar a Fouly, ya que era consciente de que necesitaba comer para poder seguir moviéndome”.

“En La Fouly la falta de comida estaba afectando a mi cerebro, ya que me pasé el control y seguí corriendo hasta que me di cuenta de que tenía que parar a comer algo. Volví sobre mis pasos, me senté y comí. Cuando estaba saliendo llegó Fabien Antolinos y mi habitual rabia competitiva apenas se dejó sentir”.

“Los siguientes kilómetros los hice andando por las náuseas. Sólo caminaba y me comenzaban a adelantar corredores. En Champex me obligué a quedarme hasta que comiera algo y al final fueron 20 minutos. Por entonces, sabía que no podría seguir compitiendo, pero estaba determinado a terminar esta maldita carrera. Pero la toma de alimentos me llevó a sufrir una nueva oleada de náuseas”.

“En el descenso hacia Trient la experiencia pasó de sentirme débil como un recién nacido a un delirio de confusión. Al llegar a Trient, estaba muy mareado pero todavía consciente. No tenía fuerzas después de muchas horas sin comer y sin parar de andar o trotar. Ahí me pusieron 15 minutos de penalización por no llevar el segundo frontal. Estoy seguro de que lo llevaba, así que seguro que el segundo frontal me lo dejé en el anterior control de material. Pero estaba tan entregado que esta sanción no afectó a mi carrera”.

“Lo que pasé en Triente fue totalmente nuevo para mí. Estaba vacío y con náuseas. Tras una hora y mucho esfuerzo por parte de Joe, me pude comer tres patatas fritas. Me sugirió que me acostara en una camilla y lo hice. Dormí durante una hora, pero me levanté con la misma sensación y con muchas ganas de abandonar. Luego Joe me trajo una tableta de Imodium (medicamento para la diarrea) y tras tomarlo y dormir otros 15 minutos, era un hombre nuevo”.

“Una vez con capacidad para pensar más claramente, ya pensaba en poder acabar la carrera. Estaba más optimista y racional. Sólo pensaba en no abandonar en el mismo avituallamiento por dos años consecutivos. Dos médicos me trataron un poco los pies y ya empecé a comer algo. Luego, tras un cambio de zapatillas y calcetines, salí de Triente”.

“En los dos últimos ascensos aprendí un montón de cosas. Me costaba tanto que me concentré en sentir el momento. El último ascenso fue horroroso y no dejaba de maldecir. Era una subida sádica y palidece cualquier cosa que yo antes consideraba dura”.

“La llegada a Chamonix fue una locura. Seis horas después de François yo llegaba a la meta. Pensaba que mi comité de bienvenida se ceñiría a mi equipo, pero fui recibido como un campeón. Lo sentí como algo muy inmerecido, pero fue realmente emotivo”.

“Cuando gané en Lavaredo, decía que a pesar de la victoria no encontré ese componente de desafío y lucha que uno espera en una carrera, así que hubiera sido algo hipócrita abandonar en el UTMB cuando la situación era precisamente así. El hecho de poder seguir a pesar de los contratiempos ya era una recompensa en sí misma”.

“Esta fue mi primera vez con problemas serios de estómago; esto me servirá para probar más comida real en mis entrenamientos, para poder tomar menos geles en competición. Más allá de esto, si no consigo plaza para la próxima Hardrock, seguramente vuelva al UTMB. Chamonix es muy espectacular y el evento demasiado eléctrico como para perder la oportunidad de pasar otro día a la sombra del macizo y con otra oportunidad para ganar”.

Fuente: Ultimate Direction blog