Tal vez no será hoy, ni mañana, tampoco la próxima semana pero el día llegará y, entonces, más vale que estés preparado para superarlo. Al fin y al cabo, empieza a pensar: nadas cuatro días a la semana ¿desde hace cuánto? ¿5 o 10 años? Da igual el tiempo, lo único cierto es que llevas millones de brazas en tus hombros.

Pie de atleta, codo de tenista y hombro de nadador, ¡ese último es el nuestro chicos! Las lesiones por desgaste de huesos, músculos y articulaciones marcan nuestra vida deportiva. Digamos que es una de las pocas desventajas que tiene el deporte. Llevas tu cuerpo a niveles de estrés muy elevados, y es ahí, donde la maquina perfecta empieza a necesitar alguna que otra reparación.

“El desgaste con el tiempo nos llega a todos, así que, nuestros objetivos tienen que ser dos: retrasar ese día al máximo y, una vez llegue el momento, saber cómo reaccionar”.

El manguito rotatorio está compuesto de un grupo de músculos y tendones que van pegados a los huesos de la articulación del hombro, permitiendo que éste se mueva y manteniéndolo estable para realizar la brazada perfecta del nadador. El desgaste con el tiempo nos llega a todos, así que, nuestros objetivos tienen que ser dos: retrasar ese día al máximo y, una vez llegue el momento, saber cómo reaccionar.

¿Te has planteado cómo de perfecta es tu brazada? ¡Pues empecemos por ahí! Cualquier defecto en ella hará que nuestro hombro sufra más, con lo cual el desgaste será mayor y las lesiones llegarán más pronto que tarde. La natación es un deporte de técnica, entrenar duro solo sirve para cansarse. En cambio, entrenar de forma inteligente sirve para superar nuestros límites. Presta más atención a mejorar tú brazada en los entrenos y menos a la lucha contra el crono, esa la reservamos para el día de la competición. Cuanto más perfecta sea tu brazada menos lesiones sufrirás y más velocidad alcanzarás, te lo aseguro.

“Entrenar de forma inteligente sirve para superar nuestros límites”

Los detalles marcan la diferencia y, ahora más que nunca, son necesarios para lograr nuestros objetivos. La flexibilidad y los estiramientos son algunos de ellos, así que préstales atención. Estira, tanto antes como después de nadar, al principio de forma suave para desencartonar el cuerpo, recuerda que el calentamiento siempre empieza fuera del agua. Luego, al finalizar la rutina, dale un poco más de caña, tus músculos y articulaciones te lo agradecerán al día siguiente.

lesión natación Hay que fortalecer los hombros para hacerlos más resistentes. Nuestro mejor aliado para ello serán las gomas elásticas. Empieza a introducirlas en tus rutinas de entrenamiento. El trabajo con gomas es mucho más saludable que el clásico trabajo con pesas y mancuernas. La diferencia es que la resistencia es nuestro propio cuerpo y eso genera menos estrés a nuestro organismo.

Escucha a tu cuerpo, no hay nadie más sabio que él y nadie te conoce mejor. Siempre nos emite señales y nuestra obligación tiene que ser saber interpretarlas. Un pinchazo, una sobrecarga muscular, un dolor, una inflamación, todo tiene un origen averigua cuál es antes de que sea demasiado tarde.

El placer que nos produce el deporte es inversamente proporcional al que sentimos cuando no podemos hacerlo por culpa de una lesión. A veces, el corazón tiene que tirar de la mente para llegar a la línea de meta, y otras es la mente la que tiene que llevar la razón y saber decir ¡basta por hoy! Pasar el límite del esfuerzo nunca es bueno. No te la juegues con tus lesiones. Si no estás recuperado del todo, mejor esperar, el deporte tiene algo mágico: siempre te ofrece una segunda oportunidad.

 

Su autor:

Santiago Ferrada

 

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