Existen diversas variables que hacen que nadar en aguas abiertas (entenderemos que es en el mar) respecto a hacerlo en una piscina resulte más complejo.

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Seguro que todos estamos de acuerdo si digo que en la piscina contamos con la mayor estabilidad de variables tales como la Tª del agua, el oleaje, las corrientes, la gente y la orientación espacio-temporal. Todas ellas están minimizadas ya que la propia instalación procura tenerlas controladas y podemos hablar de un medio muy estable y previsible.

Por eso quienes sean beginners, a quienes la disciplina de la natación les quede un poco coja o quienes quieran obtener mejores resultados, conviene que vayan a ella para:

  • Mejorar la técnica.
  • Desarrollar y mejorar la capacidad aeróbica.
  • Desarrollar el sentido del ritmo y percepción de la distancia.
  • Adquirir mayor confianza y seguridad en uno mismo y sobre el medio.
  • Entrenar las situaciones conflictivas e imprevisibles que se pueden dar en aguas abiertas.

Cito aquí a Bill Sweetenham, gurú de la natación australiana, que nos dice: cualquier deportista y equipo debe estar preparado para la adversidad y todo lo que se trabaje con el entrenador debe estar por encima de las circunstancias de la competición para garantizar el éxito.

Cuanto mejor desarrollemos todos estos aspectos nuestro contacto con el mar y la prueba nos facilitará buscar respuestas a las situaciones cambiantes y evitar bloqueos y agobios. Por ejemplo:

Trabajar con longitudes de brazada amplias, favorecidas por una posición y control corporal, crea menor resistencia al avance (se trata de ser casi como la quilla de un barco) y que nos fatiguemos menos a pesar de las circunstancias desfavorables (oleaje).
Simular salidas exagerando la dificultad de avance y provocando el contacto nos permitirá adaptar la respiración y el ritmo. Porque en ese tramo respirar con más frecuencia aumenta la probabilidad de tragar agua y seguramente será la parte más rápida de la prueba. De esto Albert ya sabe a lo que me refiero.
Llevar a cabo sesiones de entrenamiento en los que se alcancen umbrales de sufrimiento por encima de la prueba (controlados) favorece a una mayor fortaleza mental.
Nadar alternando brazadas con respiración frontal, con los ojos tapados, etc.

Aunque todo sea entrenable en piscina, durante el período preparatorio debemos alternar, en la medida que estemos más seguros, salidas al mar. Así podremos adaptar la respiración (si hay olas es necesario rotar más el tronco y la cabeza para ir a coger el aire), sentir que flotamos más y respiramos mejor (por la densidad del agua, el neopreno y porque no hay cloraminas en el aire), desarrollar la orientación espacio-temporal sin apenas referencias, acostumbrarnos al incómodo neopreno y a tener gusto de sal durante todo un día.

Autor: Teresa Fullana Lladó el 23 de mayo de 2010 en Natación.
Fuente: http://www.mybestchallenge.com/