Froome se defiende de las sospechas y revela sus datos de rendimiento

Las grandes estrellas del ciclismo ya no se apoyan en publicaciones especializadas para publicitarse. Acabó el tiempo de desvelar primicias en Veló o Procycling. En tiempos de ciclistas con barba hipster, lo que toca es rodearse de glamour. Si Lance Armstrong eligió Vanity Fair para anunciar su desgraciado retorno al ciclismo, Chris Froome ha escogido Esquire, que como reza su lema es la revista “para hombres interesantes”, y allí desvela sus datos de rendimiento, intentando convencer a los descreídos de que el dopaje no entre en sus planes, una cuestión ardua, por otra parte.

Pero acaba de salir el último número de la publicación británica y allí se desvelan los datos del test que realizó el ganador del Tour en el laboratorio de Rendimiento Humano de la empresa farmacéutica Glaxo Smith Kline, el pasado 20 de agosto. Por supuesto, la elección del lugar de las pruebas no será un atenuante para Froome entre quienes sospechan de su rendimiento.

En principio, Esquire trata de desacreditar los datos de Antoine Vayer, que reconoce a la revista que no es científico, sino sólo un licenciado en Educación Física, que “lo que sé sobre Chris Froome es porque he estado dentro del pelotón”. Vayer ha sido el azote mediático de casi todos los ganadores del Tour en las dos últimas décadas, cuestionando sus resultados. Calificó de sobrehumanas las prestaciones de Froome en la primera etapa pirenaica del último Tour, con final en La-Pierre-Saint-Martin, en la que comenzó a sentenciar la carrera.

Para desmentirlo, el británico acudió, semanas después del Tour, a la sede de Glaxo, en un parque empresarial de Brentford, al oeste de Londres. La cita se produjo a instancias de su mujer, Michelle Cound, que preguntó a la firma farmacéutica si estaría dispuesta a llevar a cabo las pruebas. Además, la esposa y representante del ciclista, consiguió, después de muchas vueltas, un informe clave para la comparación de los datos de Froome.

Los análisis se realizaron con tres kilos más de los que pesaba el ciclista al comienzo del Tour (de 67 a 69,9), y se compararon con las pruebas encontradas por Michelle Cound que había efectuado ocho años antes -cuando tenía 22-, en el World Cycling Center de Lausana, perteneciente a la Unión Ciclista Internacional. En aquellas fechas, Froome pesaba 75,6 kilos. Entonces, el índice de grasa corporal era del 16%. Los datos de ambas pruebas, son similares. Froome no ha evolucionado mucho, salvo en su peso. En la prueba de hace ocho años, el consumo de oxígeno fue de 80,2 mililitros, y en el test de Glaxo, de 84,6, que trasladados a su peso en el Tour llegarían a 88,2. Otros ganadores del Tour en años anteriores llegaron a un consumo de oxígeno (VO2 max, que es el máximo volumen de oxígeno en la sangre que nuestro organismo puede transportar y metabolizar) de 90 mililitros.

Para saber si el rendimiento supera los límites normales de un atleta, hay que combinar esos datos con la potencia máxima sostenida de Froome. En 2007 conseguía 540 vatios; el pasado mes de agosto apenas llegaba a 525. Entre 20 y 40 minutos de esfuerzo, en Lausana llegó a 420 vatios y en Londres a 419, así que en vatios por kilogramo de peso, cuando tenía 22 años y 75,6 kilos, alcanzaba 5,55, mientras que con el peso del Tour llegó a 6,25 y un mes más tarde, con “sobrepeso”, a 5,99.

Vayer sostiene que pasar de 6 vatios por kilo está fuera del alcance humano sin ayuda externa, mientras que los expertos que analizaron los resultados de Froome creen que eso no es así.

Entre los datos aportados por la empresa Glaxo y revelados por Esquire, se ofrecen los de dos análisis de sangre realizados durante el Tour. El primero, en la jornada de descanso de Pau, a una fecha de la victoria en La-Pierre-Saint-Martin y el otro en agosto. En ambos, el nivel de hemoglobina es normal.

Vía: http://www.elmundo.es