Siete horas y treinta minutos en el agua, mi cuerpo no podía más, mi mente estaba débil, ¿Cuánto queda? Una hora como mínimo. No tengo energía para continuar ¿abandono? Voy hacer una brazada más, es la única solución, no puedo parar, ya veo la ciudad de Nápoles al horizonte, ¡vamos allá!

Las cosas son tan imposibles como uno quiera creer, la mayoría gastamos más tiempo poniendo excusas que intentando lograr lo que queremos.
Después de nadar 37 km la vida sigue igual, solo por unos instantes al cruzar la línea de meta notas la sensación de victoria, luego el cansancio se apodera de lo que queda de tu cuerpo, sin embargo pasado unos días te das cuenta que finalizar la Capri Nápoles significa formar parte de la historia.
En las brazadas más duras es cuando miras hacia atrás, te acuerdas de los momentos  que has superado para lograr el aliento que necesitas  para continuar. Aunque estás sólo en medio del mar, alrededor siempre te acompañan los ánimos de tu gente, no importa la lejanía, su energía está contigo.
La Capri Nápoles es un ejercicio para saber quién eres, sin conocerte, no eres capaz de enfrentarte a ella. El mar decide el destino de la carrera, tú solo puedes aceptar la situación y no parar, sobretodo no parar, simplemente continuar adelante hasta el final.
El premio no es el reconocimiento de la gente, tampoco es la medalla que decora el salón. El premio, la recompensa de tener la valentía de enfrentarte a una prueba deportiva de estas características, es saber que de una forma u otra lo logrado te llevará más lejos en la vida. Saber que nunca te rendirás, porque al igual que en el mar, en la vida también te enfrentarás a situaciones en las que  tu cuerpo o tu mente no pueden más pero siempre será tu opción resistir y avanzar.

 

Autor: Santiago Ferrada

  Captura de pantalla 2015-05-29 a las 14.41.31