Nadando en aguas de 6 a 8º centígrados por la Paz en Malvinas, pero sin neoprene!

El nadador argentino Matías Ola se sumergirá en las aguas frías del archipiélago de las Malvinas en marzo, cuando recorran los cinco kilómetros que separan las dos mayores islas para promover la paz y el fin del histórico conflicto entre Argentina e Inglaterra.

Todo empezó en agosto de 2013, cuando Ola, de 30 años, y Cobell, de 60, se conocieron al cruzar el estrecho de Bering que separa Siberia de Alaska junto a 58 deportistas, una travesía en la que descubrieron que ambos querían lanzar un mensaje de unión entre argentinos y británicos por las islas Malvinas.

Mientras entrena en el Río de la Plata, el nadador afirma en una entrevista con Efe que, pese a la diferencia de edad y nacionalidad entre Cobell y él, los dos quieren recordar a los 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños que murieron en la guerra de 1982.

Según él, los ciudadanos ni apoyan ni apoyaron entonces un enfrentamiento como aquel y por eso considera que este tipo de actos son una oportunidad para impulsar el diálogo y alzarse como un ejemplo de que “socialmente, se pueden crear lazos de hermandad y de amistad con otros países y otras personas”.

En este sentido, hace hincapié en que el evento no tiene intenciones políticas y que dejan a un lado las cuestiones sobre la soberanía de las islas, por lo que aunque es consciente de que puede molestar a algunos argentinos, está seguro de que la mayoría compartirá el mensaje que desean transmitir.

Para lograrlo, un día de la semana del 14 al 21 de marzo recorrerán juntos los cinco kilómetros del estrecho de San Carlos que separan la Isla Soledad de la Gran Malvina y en los que la temperatura del agua oscila entre los 6 y los 8 grados.

Ola asegura que Cobell nunca ha perseguido un objetivo competitivo desde que empezó a nadar, por lo que es la perfecta personificación de la alegría, la fortaleza y las ganas de vivir. “Te hace pensar que vos también podés”, añade con una sonrisa.

Mientras que la británica se aferró a la natación para superar la diabetes, el argentino se inició en este deporte a los 21 años para curarse del asma que le había impedido disfrutar del deporte desde niño.

“Me enganché totalmente”, admite el nadador, que a los 6 meses de lanzarse al agua, se curó de la enfermedad y comenzó a competir de forma profesional, algo que le ayudó a “encaminar” su vida a través de la actividad física.

Hace tres años que Ola salió de la piscina por primera vez para nadar en aguas abiertas sin traje de neopreno con objetivos solidarios. Fue entonces cuando creó Unir el Mundo, un proyecto con el que busca demostrar que “a pesar de haber empezado a nadar tan tarde, podía cruzar continentes nadando sin traje de neopreno”.

El argentino recorrió durante meses las aguas de su país para ir creando una “escalera de temperaturas”, aunque asegura que no es necesario entrenarse de esa manera porque una persona “es capaz de conocer la sensación al frío sin tener que crearla” y “tu propio cuerpo te marca el límite”.

El nadador, que se entrena habitualmente en el glaciar Perito Moreno (sur de Argentina), señala que nadar en aguas congeladas no tiene “ningún riesgo” y destaca lo que siente cuando se sumerge a temperaturas extremas: “quienes no somos de países nórdicos no estamos acostumbrados a estas sensaciones, por eso es un reto más”.

Después del nado en las islas Malvinas, Ola no piensa parar. De momento, ya tiene previstas dos travesías intercontinentales -desde Indonesia hasta Papúa Nueva Guinea y desde Jordania hasta las playas de Egipto- y un campeonato mundial que organizará él mismo en el mes de julio, en el que pretende recibir a 1.500 nadadores de 35 países en el Perito Moreno.

El deportista nunca deja atrás su visión solidaria, y en septiembre se lanzará al agua desde la isla Lampedusa para llegar a Túnez como un homenaje a “toda esa gente que fallece por intentar cambiar su estilo de vida llegando a Europa”.

Asia, Oceanía, África, Europa… Ola tiene planeadas travesías por todo el mundo hasta 2017 y por eso, aunque cree que en un futuro deberá bajar el ritmo de exigencia, insiste en que, de momento, ni se plantea dejar a un lado su gorro, sus antiparras y su traje de baño.

“Y más, cuando lo hago por una buena causa”, sentencia. EFE