Llegó septiembre y, con él, el pistoletazo de salida a una nueva temporada. Has aprovechado las últimas semanas del verano para descansar, valorar tu última temporada y, cómo no, buscarte un nuevo desafío para este año.

Sabes que cada temporada te cuesta más superarte pero tu motivación te anima a intentarlo, la pregunta es ¿podrás conseguirlo? Los problemas son los de siempre: el día a día es muy duro, estudiar, trabajar, la familia, a todo le tenemos que dedicar su tiempo. Entonces, ¿cómo mejorar nuestro rendimiento deportivo?

Longitud de brazada, frecuencia de ciclo, técnica y fuerza.

La productividad es la respuesta. Y esto, traducido a tu preparación, se llama: mejora tu técnica. Te machacas en la piscina todos los días pero la práctica no hace la perfección, solo la práctica perfecta te lleva hasta ella, es el momento de lograr tu brazada ideal.

Longitud de brazada, frecuencia de ciclo, técnica y fuerza. Estas son las claves para lograr el objetivo. El invierno tiene sus cosas buenas: puedes dedicarle tiempo a tus entrenos para mejorar la técnica sin esperar un resultado inmediato. Aún queda mucho para el próximo verano y, cada minuto que emplees buscando tu brazada ideal, te permitirá nadar más rápido en tu siguiente desafío.

A todos nos suena la frase la potencia sin control no sirve de nada. Brazada ideal | LifeFerradaPues eso es lo que nos pasa en el agua, mucha potencia, muchas brazadas, mucho cansancio pero, al final, no avanzamos. La longitud de la brazada determinará nuestro éxito, cuanto más larga, mejor pero siempre con la técnica adecuada. Es difícil explicarlo todo en unas líneas, pero ¿cuáles son mis consejos?

Utiliza tres elementos claves: el primero, un tubo frontal acuático. De esta forma no perderás tiempo en respirar y podrás centrarte en cómo haces tú la brazada subacuática, cuantas más burbujas se desplacen al introducir la mano al agua, peor; los dedos siempre juntos, el codo alto, en ángulo de 90 grados y finaliza la brazada más allá de la cadera.

Mi segundo elemento clave: siempre cometemos los mismos errores. Uno de ellos es entrenar solo en la piscina porque, sin darte cuenta, coges un montón de defectos que nadie te puede corregir. Intenta entrenar acompañado una vez a la semana. Así podéis intercambiar sensaciones y, lo mejor, tienes a alguien que te pueda ver con lupa todos los defectos técnicos que cometes.

Y, por último, ¡la tecnología! No para de avanzar y eso es algo que no podemos dejar escapar. En el mercado hay múltiples cámaras acuáticas e incluso teléfonos móviles con aplicaciones increíbles que podemos utilizar para grabarnos y ver cómo avanzamos en nuestra búsqueda de la brazada perfecta. Frontal, lateral, lado derecho, no dejes de grabarte en todos los ángulos. Otros instrumentos como el medidor de frecuencia y longitud de brazada empiezan aparecer en el mercado en forma de relojes, si tienes oportunidad no lo dudes: cuánta más información, mejor resultado.

Una vez lograda la longitud correcta nos encontramos con el segundo obstáculo en nuestro desafío, la frecuencia. Con poca, avanzaremos muy lento, con mucha, perdemos técnica y nos cansaremos rápido, ¿solución? Todo depende, piensa en tu reto ¿larga distancia o prueba corta en piscina? Ahí es donde está la diferencia, pruebas largas: frecuencia moderada, pruebas cortas: frecuencia alta. El cuerpo tiene que memorizar la frecuencia correcta y pese a que te sorprenda todo empieza fuera del agua. ¿Cómo? Trabajando la fuerza y la resistencia y adaptarlas a tu frecuencia de nado.

Los ejercicios de goma y pelota medicinal son ideales para tu reto. Si te preparas para enfrentarte a una larga distancia, realízalos con una duración de 1 o 2 minutos con un breve descanso. En cambio si lo que buscas es batir tu mejor marca en la piscina, mi consejo es que hagas menos ciclos, más rápidos y con más pesos.

Revisar los errores cometidos durante los entrenos es un factor clave en la búsqueda de la brazada perfecta

Utiliza tu imaginación y da un paso más combinando series de 100 metros a nado y ejercicios como abdominales, flexiones o tríceps. Dependiendo de las características de tu piscina, adapta los ejercicios fuera del agua. El objetivo es llevar la misma frecuencia en los ejercicios que realices fuera del agua y los 100 metros a nado. A modo de ejemplo puedes plantearte hacer 800 metros repartidos de la siguiente manera: 100 metros crol, 20 flexiones, 100 metros crol, 20 abdominales y así hasta completar los 800 metros.

Te aseguro que el dolor de brazos ¡valdrá la pena!

 

Autor:

SANTIAGO FERRADA