A todos nos ha pasado. Pasas tiempo preparando una carrera, sabes que puedes superarla y mejorar tu tiempo.

 

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Pero de pronto algo sucede y las sensaciones no son buenas, los tiempos no son los que esperas y empiezas a dudar incluso de si podrás terminar. En la próxima carrera te preguntas si te volverá a pasar, surgen las dudas y éstas son más poderosas que tus piernas. Es una situación complicada, pero de la que es posible salir.

Que no cunda el pánico.

Todo el mundo, hasta los deportistas de élite, ha sufrido una mala racha, ha pasado por un período de tiempo en el que todo parecía salir mal y ha dudado alguna vez de sí mismo y de si lo que estaba haciendo era lo correcto. Hay veces en las que ese Flow necesario que nos empuja a superarnos y a disfrutar del deporte se altera e incluso puede llegar a romperse.

¿Se puede reparar? Se puede.

Hemos hablado muchas veces de cómo el triatlón es una disciplina con una enorme exigencia física, pero en la que, como en cualquier otro deporte, es incluso más determinante la preparación mental. Tener la capacidad psicológica de afrontar unos malos resultados y reponerse de ellos es de lo más difícil en el mundo del deporte. Es lo que nos puede hacer persistir o abandonar.

En el triatlón especialmente, uno se prepara físicamente para la competición. La práctica hace que sepamos si vamos a ser capaces de superar una carrera y más o menos en cuánto tiempo lo podemos hacer. El aliciente está en retarse a uno mismo para intentar mejorar esa marca.

Pero cuando, por el motivo que sea, aparece la sombra de la duda y nos cuestionamos si realmente somos capaces, podemos entrar en un bucle de negatividad altamente perjudicial. Es lo que en el mundo del póker se conoce como el tilt, un estado en el que una decisión equivocada nos lleva a tomar otra decisión equivocada, un pensamiento negativo desemboca en otro pensamiento negativo, nuestro comportamiento se torna del todo irracional y el resultado suele ser pésimo.

Pero en esas situaciones no son nuestras piernas o nuestros pulmones los que están hablando, los que nos dicen que no podemos seguir adelante o que no lo estamos haciendo bien; no es otra que nuestra cabeza. Si hemos preparado nuestra carrera de la manera adecuada y tenemos la formación correcta, solo hay dos posibilidades: o no estamos siguiendo bien el plan, o no habíamos hecho un buen plan. En cualquier caso, no hay que culpabilizarse, no es nada que no se pueda solucionar.

Ante una situación adversa es importante saber focalizar. A menudo tendemos a la anticipación: me empiezan a doler las piernas y ya concluyo que no voy a poder acabar la carrera. Error. Es fundamental centrarse en el proceso y en el presente.

Evidentemente no hay que ignorar signos de dolor que puedan deberse a alguna lesión, pero debemos tener claro que el sufrimiento forma parte de la vida del triatleta. Superar el sufrimiento, es la mayor recompensa.

Debemos mantenernos positivos y estar convencidos de que vamos a tener éxito en nuestro propósito.

Nuestro cuerpo es el que es; podemos sacar lo mejor de él a base de entrenamiento y tenacidad pero con unos límites, no todo el mundo puede ser Gómez Noya. Nuestra mente, sin embargo, no tiene límites. Su poder y control dependen exclusivamente de nosotros.

 

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Para practicar el triatlón hay que estar bien preparados, no se puede dejar nada a la improvisación. Igual que en otros aspectos de la vida, profesionales o emocionales, es importante establecer objetivos.

Si no alcanzamos a cumplir esos objetivos, el pensamiento no ha de ser “he fracasado” sino “por qué” no se ha cumplido.

Siempre hay que marcarse objetivos que nos hagan mejorar pero que sean realistas, de no ser así lo único que vamos a conseguir es frustración. Si hemos seguido todos los pasos necesarios para alcanzar nuestro objetivo y hemos entrenado de la manera adecuada pero no hemos sido capaces de alcanzarlo, es posible que no hayamos hecho nada mal, sino que simplemente tengamos que redefinir nuestro objetivo o que tengamos que buscar qué nos ha faltado para conseguirlo.

Un error no es un fracaso sino una posibilidad de mejorar. Lo último que debemos hacer es dejar que nos arrastre a un pozo de negatividad. Las rachas empiezan y acaban, solo duran para siempre si dejamos que lo hagan.