No son dos opciones excluyentes. De hecho, conviene que cuando se lleve a cabo un plan de entrenamiento (de fondo) sean complementarias. Cada una tiene una función clara y se llevan a acabo con un objetivo concreto.

Empecemos por analizar las costumbres de los atletas profesionales. Ellos, casi siempre que entrenan por la mañana lo hacen habiendo digerido el desayuno. Eso les da la seguridad de poder emplearse a fondo en las series o en rodajes largos.

No obstante, en ocasiones, entrenan en ayunas. ¿Por qué? Su objetivo es, acostumbrar al cuerpo a funcionar con carencia de energía, hacer que el cuerpo, llegado el caso, sepa tirar de grasas cuando el glucógeno escasea.

Si bien no es exactamente lo mismo, los maratonistas de élite intentan simular con esa práctica lo que vivirán al pasar por el muro de su próximo intento en los 42 kilómetros y pico. Y a veces, si se emplean a fondo en esos entrenamientos, lo consiguen.

Es más que claro que su objetivo no es perder peso, si no correr mejor, optimizar su potencial de cara a rendir al máximo en su trabajo.

Traslademos todo lo anterior a nosotros, los corredores amateurs. Lo primero que hay que tener en cuenta de un corredor aficionado es su forma de vida: trabajo y horarios que cumplir. Correr, por mucho que algunos quieran negarlo, es un hobby.

Hay muchos corredores que siempre corren en ayunas, porque lo hacen antes de ir a trabajar. ¿Es lo mejor? En principio no, porque no podrán entrenar en condiciones idóneas ni hacer sesiones excesivamente largas. Hacia el minuto 35’ se nota el primer bajón. Y el del 55’, aproximadamente, es ya de no poder levantar los pies y se va a un ritmo alto… Además, hay que ser conscientes que con esa práctica se somete al cuerpo a un estrés excesivo como para mantenerlo en el tiempo.

No obstante, si siempre se corre en ayunas se termina acostumbrando al cuerpo. La solución sería intentar desayunar los días en los que no se trabaje. El cuerpo lo agradecerá y el rendimiento mejorará. Porque la otra opción de levantarse entre semana a las 4:30 con el fin de digerir el desayuno es, a todas luces, exagerada.

Nuestro consejo: tomáte un simple café, sin sólidos, y agua para no abordar el entrenamiento totalmente en ayunas.

 

Corriendo en ayunas ¿Se pierde más peso?

La teoría y algunos estudios de nutricionistas afirman que al correr en ayunas se pierde más peso porque se queman más grasas. Pero otros muchos estudios, en este caso científicos, argumentan que ese beneficio de pérdida de peso a corto plazo se minimiza a medio plazo, porque el cuerpo termina asimilando más cantidad de alimentos de los que habría asimiliado en caso de no haber corrido en ayunas.

Es como esos corredores ocasionales que van forrados de ropa para transpirar más… luego, asimilarán más líquido si es que no les da un desmayo por deshidratación.

Consejo: si tu objetivo es correr más rápido y mejorar marca, no te pases de la raya con tus entrenamientos en ayunas. Combinalos con entrenamientos en los que hayas desayunado. Es más, el porcentaje idóneo para un amateur sería correr en ayunas 1 día y desayunar otros 4 o 5.


Muchos dicen “Yo corro maratones y siempre corro en ayunas” o “a mí correr en ayunas me va muy bien”. Perfecto. La costumbre de cada uno es personal e intransferible, pero la ciencia es la ciencia.