Todo empieza cerca del final, cuando piensas “no lo vuelvo hacer”. En ese momento te duele todo, sabes que la meta es tuya pero el cansancio es tan intenso que no te deja ver la grandeza de tu gesta.

La idea de no volver a intentarlo la tienes en la mente justo el tiempo que tardas en buscar un nuevo desafío, y ahí estas, otra vez en la línea de salida.

El superarse es algo que engancha, eso lo sabemos todos, pero últimamente se ha transformado en tener que hacer algo imposible cada vez que intentas un nuevo reto.

Antes la gente se conformaba con hacer una maratón, un triatlón de larga distancia o una de las míticas gran fondo. Ahora conoces a una persona que hace un año ni veías en las competiciones y resulta que está preparando su tercer Ironman del año.

En el deporte profesional lo único que vale es la victoria, por eso se vive por y para lograr ese objetivo, todo lo demás es secundario.

En cambio en el deporte aficionado es todo lo contrario, el objetivo nunca es ganar, el objetivo es utilizar la actividad física para canalizar la energía positiva, esa que te da un punto extra de felicidad cuando la necesitas.

Con el paso de los años veo como la palabra ultra está cada vez más de moda: ultraman, ultratrail, ultraswim. Veo que los deportistas se cuidan más que los profesionales, alimentación, entrenador personal, equipamiento de última generación, en algunos casos incluso cuesta saber cuál es la diferencia entre ambos. Pero hay una: el deportista profesional vive de ello, los otros viven por y para el deporte dejando atrás el equilibrio entre actividad física, la salud y vida.

No cruces la línea de meta para sentirte mejor que los demás, fíjate retos que ayuden a compensar tu vida, no a desequilibrarla.

La grandeza no se encuentra en finalizar un Ironman, la grandeza aparece cuando disfrutas de lo que haces.

Autor: Santiago Ferrada

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