El checo Emil Zatopek pasó a la historia como uno de los mejores atletas de fondo de todos los tiempos.

Cinco medallas olímpicas (cuatro de oro y una de plata), 18 récords del mundo, tres oros en Europeos y 261 victorias en las 334 carreras que disputó.

Transcurría el kilómetro 20 del maratón en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, cuando, algo confuso, se giró hacia sus rivales y les dijo: “Este es mi primer maratón. ¿Estamos yendo demasiado rápido?” y un rival le contestó, “No, demasiado lento”. “Ok, gracias” contestóaceleró el ritmo y se marchó en solitario en busca de la línea de meta.

En el momento de su entrada al estadio los espectadores, de pie, aclamaron entusiasmados su proeza. Era la primera vez que corría un maratón y aquella victoria, con récord olímpico incluido (2h 23:04), significaba la culminación de una hazaña que lo catapultó para siempre a la leyenda del atletismo: el triplete olímpico (5.000, 10.000 y maratón) en Helsinki 1952.

Emil Zatopek 1948 Olympics

El secreto de su éxito residía en un entrenamiento durísimo, con volúmenes e intensidades descomunales para aquel entonces. En el punto álgido de su trayectoria deportiva, corría 800 kilómetros mensuales (unos 27 diarios).

Su manera de entrenar fue toda una revolución para la época e incluso creó su propia metodología (el entrenamiento interválico), que en un primer momento le generó bastantes críticas. En vez de largos rodajes, hacía numerosas repeticiones de distancias cortas –entre 200 y 400 metros- a muy alta intensidad y con breves pausas de recuperación, en las que seguía corriendo a menor ritmo. Esto le permitió mejorar rápidamente su velocidad y resistencia.

“¿Por qué habría de entrenar corriendo a ritmo lento? Ya sé correr a ritmo lento. Debo aprender a correr a ritmo rápido”.

Además, entrenaba con botas militares y peso en los pies; así, la competición le parecería luego un descanso.

De carácter humilde y reservado, Zatopek se destacó siempre por su inmenso afán de superación y su amor a este deporte. “Un atleta no puede correr con dinero en sus bolsillos. Ha de hacerlo con esperanza en el corazón y sueños en su cabeza”, llegó a decir.

Con esta actitud se ganó el cariño de un público que lo adoraba y lo aclamaba sin cesar en las carreras. Fue un pionero del atletismo, un adelantado de su tiempo.

Sus primeras carreras

Sus primeros éxitos en el atletismo, tendrían lugar en una Checoslovaquia ocupada por las tropas alemanas en plena Segunda Guerra Mundial. En aquella época, un joven Emil –un chico tranquilo y callado- trabajaba en una fábrica, asistía a clases de química, ayudaba a su padre en la huerta familiar que les daba de comer, y corría en sus ratos libres. En 1945, con el país ya liberado de la ocupación alemana y la Guerra tocando a su fin (poco después llegaría el régimen comunista), se alista en el Ejército checoslovaco para seguir la carrera militar, en la que alcanzaría el grado de coronel.

Durante estos años, con una inquebrantable disciplina, cumplía sus obligaciones como militar durante el día y entrenaba por las noches, alumbrándose con una linterna eléctrica. Calzado siempre con sus inconfundibles zapatillas de cuero rojas que le seguían proporcionando –de espaldas a su patrón- sus antiguos compañeros de la fábrica, Zatopek ya poseía por aquel entonces los récords nacionales de 2.000, 3.000, 5.000 y 10.000 metros, y era sin discusión el mejor atleta nacional.

Sin embargo, no se dio a conocer en el atletismo internacional hasta 1946 durante los Campeonatos de Europa de Oslo, donde fue quinto en los 5.000 metros. Dos años más tarde, en los Juegos Olímpicos de Londres, empezó a forjar su leyenda, al lograr la medalla de oro en 10.000 metros -con récord olímpico incluido- y plata en los 5.000.

Hazaña olímpica


Pero es en los Juegos Olímpicos de Helsinki´1952 donde se corona como el rey del atletismo mundial, al enfrentarse –y salir victorioso- a un reto sobrehumano que nadie antes había intentado y nadie se ha atrevido a intentar después: disputar en apenas una semana los 5.000, 10.000 y el maratón, distancia que no había disputado nunca antes y por la que pronto sentiría auténtica fascinación:

“Si quieres correr, corre una milla. Si quieres experimentar una vida diferente, corre un maratón”, diría poco después.

Triunfó en las tres pruebas, estableciendo el récord olímpico en todas ellas y el récord mundial en las dos primeras. Tras los Juegos, Emil es nombrado teniente coronel del ejército checo.

En sus años victoriosos, pasó a ser símbolo e imagen del régimen comunista de su país, que lo utilizó como “arma de propaganda”, y controla y limita sus movimientos y viajes al extranjero. Emil –humilde, tranquilo- se limita a aguantar, sonreir… y seguir corriendo.


Un hombre de principios
En 1958, se despide definitivamente del atletismo, dejando atrás una estela imborrable de éxitos.

Tras su retirada, Zatopek demostró que además de un gran campeón era un hombre de principios, lo que le generó numerosos problemas. Se consideraba un patriota liberal y jamás comulgó con el dominio de la URSS sobre Checoslovaquia. En 1968 –coincidiendo con la “Primavera de Praga”- rechazó abiertamente la ocupación de su país por parte de las tropas soviéticas y la imposición del comunismo duro, y apoyó al reformista Dubcek, partidario de más libertad para el pueblo y de un socialismo más humano.

Estas críticas trajeron consigo un destierro y un castigo. Le costaron su cargo en las Fuerzas Armadas, y el empleo y el coche con los que el gobierno agasajaba a sus deportistas; le costaron, en definitiva, el cómodo estilo de vida que se había ganado a pulso tras años de sacrificio.

Fue inmediatamente destituido de su cargo en el Ministerio, expulsado del Ejército, separado del partido, y enviado a trabajar en una mina de uranio en Jáchymov, al noroeste del país, en un ambiente insalubre. Además, se le prohibiría residir en Praga. Así aguantaría seis duros años, sin levantar la voz, pese a todo sin dejar de sonreir. Después sería “ascendido” y convertido en basurero, pasando a recorrer las calles de Praga con un camión y una escoba. Cada vez que era reconocido en la calle la gente le ovacionaba y ayudaba en su tarea de limpieza. Jamás un basurero fue tan aclamado; seguía siendo un héroe del pueblo. Así que rápidamente, y visto lo surrealista de la situación, el régimen decide apartarle de ese puesto y enviarle a cavar agujeros para colocar postes telegráficos. Finalmente, tras obligarle a firmar un papel reconociendo su error por apoyar a las fuerzas contrarrevolucionarias, Emil acabaría trabajando como archivista en un sótano del Centro de Información de Deportes.

Con el paso de los años y los cambios en la situación política, Zatopek volvió a tener el trato y la consideración que nunca debió perder. En 1997 lo nombraron “Mejor Atleta checo del Siglo”, y un año después el presidente checo le otorgó la “Orden del León Blanco”, máxima distinción en su país.

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Trabajador infatigable, durante los últimos años de su vida trabajó como profesor de Educación Física, y mantuvo su cargo en el ejército de la República Checa hasta su fallecimiento, a los 78 años de edad, a consecuencia de un derrame cerebral. De esta forma, se acababa una vida llena de dignidad, generosidad y amor a este deporte.