El argentino Federico Bruno se quedó sin piernas en el Maratón, pero se las ingenió para terminar la competencia y llevarse una ovación.

Le faltaban más de 7 kilómetros para llegar a la meta cuando sus piernas le dijeron que ya no podían soportar el ritmo. Aflojó y vio como todos los demás competidores empezaban a pasarlo, los iba viendo desde atrás.

Pensó más de una vez en abandonar, viendo que todavía era mucho lo que le quedaba por recorrer para cruzar la meta de su primera maratón olímpica.

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Y comenzó a dar saltitos, de costado, para poder avanzar. Nunca se imaginó que iba a mantenerse así a lo largo de esos 7 kilómetros, hasta que se dio cuenta que le indicaban el ingreso al Sambódromo y, al doblar la última curva, pudo ver la llegada.

Se dio cuenta de que una ovación acompañaba cada uno de sus saltos, cortos, pausados, con la último que le quedaba de físico. Y cumplió con su objetivo de no rendirse, porque los Juegos Olímpicos no son una medalla, sino un reto de superación.