“Este año quería la revancha y lo logré. Para mí esto es la gloria”, contó Germán Reynoso,  quien participó en la segunda edición del Ironman 70.3 Buenos Aires con el firme propósito de llegar a la meta y bajar su tiempo. Más de 2000 atletas de 32 países asistieron a esta competición con la misma intención: superarse a sí mismo.

ironman bueno saires
Photo: Mariann García

 

Desde las 4:00 de la mañana comenzaron a llegar los competidores al Puerto Canoas en Nordelta, municipio Tigre. La luz de la luna llena acompañaba sus nervios, mientras que los familiares desde la baranda empezaban a alentar. “Vamos, papi”, gritaban unos niños a su padre Gustavo Villar, quien según contó su esposa volvió a un Ironman después de 15 años. “Vinimos hace un año a ver el evento y él se entusiasmó. Bajó 10 kilos y hoy (domingo) está acá. Creo que le va a ir bien”, aseguró.

El parque de las bicicletas fue el epicentro para que los triatletas prepararan sus equipos y conversaran con los otros deportistas. A pesar de que madrugaron y el frío se hizo presente, desde los primeros minutos se vivía una gran energía. “Hay muchas horas de entrenamiento detrás de esto”, recordó Germán, por eso cada competidor se disfruta la experiencia.

“Llegó la hora de la largada”, gritó el anunciador. A las 7:00 salieron los élites. Atrás estaban los amateur. Esos que no están ahí por un primer lugar sino por demostrarse a ellos mismos que no existen imposibles. Todos buscan la manera de guardar el momento para posteridad, algunos son retratados por los familiares y otros deciden llevar su propia cámara hasta el final.

Las aguas templadas de Nordelta fueron testigo de cómo dejaron lo mejor de ellos en cada brazada para recorrer 1.9 kilómetros. Después salieron corriendo, dejaron los trajes de natación y se subieron a las bicis. En el asfalto los esperaba la brisa, el sol y más de cinco mil personas apoyándolos como si fueran estrellas, pues ellos eran los protagonistas de esta historia.

IMG_5304
Photo: Mariann García

 

90 kilómetros recorrieron, unos tardaron menos y otros más horas. Cada quien iba a su ritmo. Ya en la última transición las piernas estaban cansadas y desde las veredas les gritaban “fuerza, fuerza”.

El primero en cruzar la meta por los élites fue Lionel Sanders, seguido de Rodolphe Van Berg e Igor Amorelli. En la categoría femenina el primer lugar fue para Haley Chura, mientras que Kim Morrison y Ariane Monticelli quedaron segunda y tercera, respectivamente.

IMG_5771
Photo: Mariann García

 

Pero mientras en el podio entregaban premiaciones, había quienes aún estaban en búsqueda de la gloria pisada tras pisada. Thomas Galindez se convirtió en el primer amateur en alzar sus brazos. Su madre Lisa Paredes gritó de emoción “es Tomy, es Tomy” y le entregó la medalla.  El joven de 20 años de edad hace cuatro decidió seguir los pasos de su padre Óscar Galindez, múltiple campeón de triatlón. “Otro triatleta en la familia. Es lindo verlo correr y estoy muy orgullosa“, expresó con felicidad la progenitora.

Antes de cumplirse las cinco horas de competición apareció en la meta Germán Reynoso. Cumplió su objetivo: había bajado el tiempo que se propuso.

“La carrera se hizo un poco dura, venía con un problema muscular y los últimos seis kilómetros fueron muy difíciles. Hay una gran carga emocional y por eso me puse a llorar”, relató Reinosa, quien después de colgarse la medalla no pudo contener las lágrimas.

Al fondo lo esperaba un abrazo, su familia sabía que esta era la revancha porque hace un año los calambres lo dejaron en el kilómetro 12 y no pudo continuar. “Le puse garra y corazón porque faltaba muy poco. A veces uno se exige de más y vas al límite. Por suerte el cuerpo respondió”.

El Ironman los retó y ellos cumplieron. El sueño no fue imposible.

Por Mariann García