“Ha sido un día soñado”, comentó Rodrigo Memo entre lágrimas tras lograr el objetivo más anhelado de su carrera: clasificar al mundial de Kona.

Este domingo 3 de diciembre quedará grabado en las memorias de todos los atletas que participaron en el primer IronMan de Argentina, el cual se realizó en Mar del Plata. Todos con aspiraciones diferentes, pero compartiendo el sueño de cruzar una misma meta.

 

Los pronósticos anunciaban lluvia durante el día, también se decía que el oleaje iba a estar fuerte. Un ambiente nada favorable para los atletas. Sin embargo, Dios escuchó las oraciones de los participantes y sus familiares. “Hoy en la mañana le prendí una vela para que dejara de llover”, soltó una señora desde la valla. “El que está allá arriba nos escuchó”, le respondió un caballero. Y así fue, pues “La Feliz”, como es conocida esta ciudad, les regaló un día perfecto.

 

Desde las 5:00 de la mañana los participantes paseaban por el parque de bicicletas con sus familiares. Un poco de frío y algunas gotas de lluvia, solo que con tanta adrenalina ni eso sentían. Una hora después, los llamaron a la zona donde iniciaba la aventura. Besos y abrazos para los suyos. Es el momento de la verdad.

 

Se escuchó el himno de la Argentina y justo a las 6:20 sonó el cohete. Al mar los hombres élites, y, luego, las mujeres de la misma categoría. Posteriormente, hicieron lo propio los amateurs, esos que viven este deporte como un estilo de vida, una pasión que los mueve y les da las ganas de desafiarse día a día.

 

Brazada tras brazada recorren 3.8 kilómetros en aguas templadas. Sus corazones laten muy fuertes y las olas acompañan sus impulsos. Empiezan a salir los primeros, van en búsqueda de sus bicicletas.

 

¿Qué número? gritan los voluntarios. Poco a poco guían a los que llegan. Se montan en sus “cohetes” y comienzan a pedalear por las calles repletas de 100.000 aficionados que están dispuestos a dejar sus gargantas para alentarlos.

 

Las ruedas calientan el asfalto y en el parque de bicis aún llegan competidores. Una de ellas llora porque nadie la entiende, la australiana pide entre lágrimas ayuda, su traje se rompió. ¡La abrochadora lo solucionó! Un voluntario sacó el instrumento y con unos cuantos broches le permitió seguir el camino.

 

“Vamos, Pablo; vamos, papi; vamos, amor”, grita una familia. Se trata del mismo protagonista, un porteño de 47 años que enfrenta su tercer IronMan en un año. “Él es muy terco. Su sueño era ir a Hawái, lo logró y ahora dice que quiere más”, contó Silvana, la esposa de Pablo Durante, que quedó a dos lugares del boleto al campeonato mundial.

 

Los 180 kilómetros de ciclismo fueron los más largos, dos vueltas de 90 y las ganas de bajarse para dejar todo lo que les queda en el maratón. Poco a poco van dejando sus bicis y se ponen las zapatillas. ¡Se vienen lo 42KM! “Te queda nada”, grita un uruguayo. “Son unos cracks”, asegura. Y tiene razón. Pocos son los que aguantan tantas horas de esfuerzo.

 

“Se viene el primero, preparen las banderas”, dice el anunciador. Los fotógrafos apuntan sus cámaras y en un clic capturan al estadounidense Matt Chrabot, de 34 años de edad, quien hizo un tiempo de 8h19m57s, seguido del hungaro Jozsef Major (8h26m03s) y el brasileño Igor Amorelli.

 

“Oscar, Oscar”, se escucha. Sí, se trata del multicampeón Oscar Galíndez. El cordobés que llegó de séptimo y fue recibido como un héroe nacional. “Un momento indescriptible. Yo digo que ahí se debieron haber quedado clavadas las agujas del reloj para dejar ese instante por horas”, afirmó notablemente emocionado por lo que había vivido.

 

En la categoría femenina, ganó la estadounidense Sarah Piampiano (9h11m03s). En el podio la acompañaron la belga Tine Deckers (9h19m22s) y la canadiense Magalí Tisseyre (9h24m37s).

 

 

El tiempo seguía transcurriendo y los atletas llegando. Algunos pisaban la meta y alzaban sus brazos, otros sólo se tiraban al suelo porque el cuerpo ya no daba para más. Y en ese instante apareció Memo, un argentino que tiene siete años practicando este deporte y cumplió su sueño deportivo: boleto al Mundial de Hawái. “A dos kilómetros de la llegada mi entrenador me dijo “soltate que estás a nada del boleto a Hawái. Me preparé mucho para esto y lo logré”, declaró luego de darle un beso a su novia y otorgarle la medalla de su segundo IronMan.

 

Pasaron las diez horas de competencia, la alfombra roja con negro era testigo de emociones encontradas: alegría, llanto y hasta enojo. Ese era el caso de Pablo Durante, que al verse fuera de su objetivo se sintió molesto. “Amo este deporte. Me encantan los desafío y este es uno permanente”, exclamó el porteño, que en un año culminó tres IronMan y seis medios. ¡Una locura! Dirían algunos. El abrazo de su familia cambió todo el panorama, él sabe que ha hecho una gran temporada y los suyos están más que orgullosos. “Estoy feliz por papi”, añadió uno de sus hijos tras verlo culminar un gran desafío.

Por Mariann García