Jan Frodeno no pudo revalidar sus títulos obtenidos en 2015 y 2016 debido a una lesión, pero logró algo mucho más importante: Corrió casi todo el maratón lesionado para honrar a su deporte.

Jan Frodeno buscaba su tercera corona mundial. Días previos había mafiestado que “quedar segundo sería un fracaso”, ese era el nivel de exigencia que se ponía el triatleta alemán.

Todo había arrancado bien, saliendo dentros de los primer peloton del agua y haciendo una buena etapa de ciclismo.

Bajó de la bicicleta cuarto y todos dabamos casi por segura su victoria en el sector del maratón, pero algo pasó. Pronto Frodeno empezó a sentir problemas en la espalda y fue bajando el ritmo hasta sentarse en un banco a estirar la espalda. Todo eso bajo la atenta mirada de participantes y público que veían como el máximo favorito no ganaría este año.

Jan Frodeno hizo 39 kilómetros caminando y por momentos corriendo despacio con el único objetivo de terminar y honrar a sus compañeros de carrera, tanto a los que ganaron como a los que no. Llegó a meta con un tiempo de nueve horas y 15 minutos, más un hora más tarde que el ganador.

El público recibió a Frodeno como si hubiera ganado, porque en Kona no se llevó el primer puesto, ni el segundo ni el tercero; pero se convirtió en leyenda al terminar de ese modo.

Muchos de los atletas de elite, cuando las cosas no salen de la forma para la cual entrenaron, directamente prefieren darse de baja, antes que terminar la carrera en un tiempo superior al esperado.