El 8 de octubre de 1996, hace ahora 20 años, Lance Armstrong anunció que sufría  un cáncer testicular del que acabaría por recuperarse y convertirse en uno de los ciclistas más controvertidos de la historia

Lance

El 8 de octubre, se cumplieron 20 años de un diagnóstico de cáncer que cambió la vida de Lance Armstrong. Una noticia que sacudió el deporte, removió conciencias y alumbró una Fundación que cosechó históricas recaudaciones en favor de la lucha contra esta enfermedad. Miles, millones de pulseras amarillas recorrieron los cinco continentes con el lema impulsado por el corredor de Austin: Livestrong.

Una historia, la de su recuperación y su regreso triunfal al ciclismo para encadenar siete victorias en el Tour de Francia, que acabó en fraude y mayúscula decepción mundial cuando el 18 de enero de 2013 Armstrong confesó su dopaje en ‘prime time’ durante el show de Oprah Winfrey.

Armstrong tenía 25 años y era campeón mundial (1993 en Oslo por delante de Miguel Induráin) cuando los médicos le detectaron un cáncer testicular con metástasis pulmonar y cerebral. Inmediatamente se sometió a una primera operación en la que le extirparon un testículo. Después vendrían otras para eliminar los nodulos extendidos al cerebro.  Su médico le informó que tenía menos de un 40% de probabilidades de sobrevivir. A contuación llegaron los duros ciclos de quimioterapia. Armstrong se decantó un compuesto que, a priori, no disminuiría su capacidad pulmonar en caso de supervivencia.

LEYENDA DEL TOUR…A ÍDOLO CAÍDO

También congeló esperma para poder ser padre. Fue tratado en la Universidad de Indiana por los doctores Lawrence Einhorn, Scott Shapiro y Craig Nichols. En diciembre de 1996 acabó su periplo por los hospitales. “Me llamo Lance, soy estadounidense y creo que puedo decir con orgullo que soy un ganador. No lo digo con presunción, sino como consecuencia de haber salido airoso -hasta ahora- de los revolcones que me ha dado la vida”.

Así, con esta declaración de intenciones, comenzaba su biografía, una de las más vendidas del mundo del deporte y que contribuyó a engrandecer su leyenda,paralelamente y en la misma proporción que sus éxitos en el Tour de Francia, de 1999 a 2005. Tras vencer al cáncer, Armstrong volvió en la París-Niza de 1998, enrolado en las filas del equipo US Postal. “Había perdido 9 kilos, mi masa muscular se había esfumado y también mi Porsche y mi contrato de 440 millones (de las antiguas pesetas), con Cofidis, el equipo que me dio por desahuciado.

“Regresé cobrando mucho menos, 38 millones”, cuenta Lance. El resto de la historia es de sobra conocido. Pasó de mito deportivo y ejemplo de superación sin precedentes, a ídolo caído. Y con él, lamentablemente, también se desmoronó parte de su imperio benéfico Livestrong, del que se apartó en 2012.

El pelotón y las pulseras amarillas

El catalán David De La Cruz, que este domingo disputa el Mundial, nos ofrece una perspectiva actual del pelotón sobre Lance Armstrong. “Hay dos personalidades, una la del corredor que cometió un fraude y nos engañó a todos. La otra, con la que me quiero quedar, es lo que hizo con su Fundación, que es la que recaudó más recursos en la lucha contra el cáncer en toda la historia. Mi abuelo falleció de esta enfermedad y soy de los pocos ciclistas que aún lleva la pulsera amarilla. Creo que Armstrong está pagando demasiado. No le conocí, pero el ciclismo que yo he vivido no tiene nada que ver con aquel. Los controles del sistema Adams y el pasaporte biológico lo han cambiado todo”.

LAURA LÓPEZ ALBIAC para Sport.es