El 19 de abril de 1967, Katherine Switzer forjó el destino de las mujeres corredoras en el mundo.

 

 
Se inscribió para correr la legendaria maratón de la ciudad de Boston, Estados Unidos. Un hecho sin precedentes en una época en la que los hombres creían que las mujeres no eran capaces de correr más de una milla y media (2,4 kilómetros).
 
Durante la carrera, Switzer fue fotografiada como la gran curiosidad, perseguida para evitar que siguiera adelante y, finalmente, descalificada cuando cruzó la meta.
 
Switzer dijo que no intentó cruzar los límites cuando se inscribió a la carrera hace 50 años. Después de todo, otra mujer, Roberta Bingay Gibb, ya había completado el maratón el año anterior, pero sin inscribirse oficialmente.
 
Pero la foto mostró la cara más fea del sexismo en el deporte, e impulsó a a Switzer a la vida pública, alterando el curso de su vida.
 

Un hombre, un hombre enorme, mostraba los dientes, y antes de que pudiera reaccionar tomó mi hombro y me sacudió hacia atrás, gritando: ‘Sal de mi carrera ahora y dame esos números”.

 
Después de escapar de esta escena caminó durante unos minutos antes de que su ira se convirtiera en energía. Terminó la carrera en 4 horas y 20 minutos, pero luego sería descalificada y expulsada de la Unión Atlética de Amateurs.
 
Sin embargo, el apoyo que luego recibió eclipsó el escándalo, y se volvió una celebridad.
 
No la venció el miedo
 
Switzer usó su influencia para hacer campaña para que las mujeres entraran en el Maratón de Boston en 1972. Ella llegó a correr 39 maratones, ganando el de Nueva York en 1974 y logrando su mejor marca personal en 1975, 2:51:33, cuando terminó en segundo lugar en Boston.
 
Creó el Circuito Internacional de Avon de carreras femeninas en 27 países, preparando el camino para el primer maratón olímpico femenino en 1984. Se convirtió en autora y comentarista de televisión para los campeonatos olímpicos, mundiales y nacionales antes de regresar a los maratones a los 64 años.
 
¿Por qué no abandonó la carrera de 1967?
 
“Porque yo sabía que si lo hacía nadie creería que las mujeres podrían correr distancias y merecer estar en el Maratón de Boston, simplemente pensarían que yo era un payaso, y que las mujeres estaban invadiendo eventos donde no tenían habilidad. Yo iba en serio y no podía dejar que el miedo me detuviera”