Lo primero que vi cuando me desperté en la parte trasera de una ambulancia, confundida y en el dolor, fue la visión de como me retiraban la bicicleta.

Los médicos me pidieron que no me moviera; tenía una conmoción cerebral. De repente, todo volvió a mí: los 10 meses de entrenamiento y una carrera que no iba a poder terminar, a pesar que esta era solo el calentamiento para algo mucho mas grande: el Ironman.

Sujetada con cinta adhesiva a una camilla en un cuello ortopédico, me di cuenta que estaba mal herida, y que existía la posibilidad de no poder continuar con mis entrenos.

Todo esto había comenzado en septiembre de 2014, cuando decidí arrancar mi vida y mudarme a la ciudad de Nueva York. Vendí mi auto y la mayoría de mis pertenencias, renuncié a mi trabajo, y volví a estudiar.

Recién separada y con 29 años era una estudiante pobre en la ciudad más cara del país tratando de encontrar trabajo para comer.

No tenía marido o hijos, y me centré en la cosas que si tenía para celebrar.  Me puse a pensar en lo que podía hacer y lo que quería, y lo primero que me pregunté fue: ¿qué es lo que realmente me encanta? Bueno… pensé, como un instructora de gimnasia, me encanta hacer ejercicio.

Así que finalmente me decidí por llevar adelante algo que requeriría una gran cantidad de ejercicio: la carrera más dura del mundo: un Ironman, 3.8 kms. de nado, 180 kms. de bicicleta y finalmente 42,195 kms. de trote..  todo el mismo día.

A pesar de ser una mera profesora de gimnasia, mi objetivo resultaba un poco desalentador teniendo en cuenta que:

(A) Mi experiencia de natación era relamente limitada a nadar “perrito”.

(B) No tenía una bicicleta.

(C) Y, aunque tenia una maratón en mi haber, esto iba a ser como tres maratones en un solo día!

Cuando le dije a amigos acerca de mi plan ellos me decían: “Wow, nunca he conocido a una mujer que haya hecho un Ironman.” Hasta la fecha, sólo hay alrededor de 400 000 finalistas -y sólo el 20 por ciento son mujeres”.

Y así me convencí, rodeada de adversidades y muchos NO LO HAGAS de por medio, era exactamente el tipo de desafío que necesitaba: cruzar la línea de meta de un Ironman

Empezando
Lo primero, hablé con un entrenador de natación que me invitó a una de sus clases. Mi primer viaje a la piscina duró unos 5 minutos. El entrenador me dijo que me fuera del agua porque nadaba horrible, entonces él me hizo leer un artículo acerca de los riesgos mortales de triatlón.

Decidida a no desanimarse, encontré otra clase que era un poco más acorde a mi velocidad, y me puse una meta a nadar durante al menos una hora, tres veces a la semana a partir de enero.

Alrededor de mi horario de la universidad, enseñaba tantas clases de fitness como podía, asique pude comprar una bicicleta, y me inscribí en un triatlón corto en junio, unos dos meses antes de encarar el verdadero objetivo.

Me sentía preparada. Yo sabía lo duro que había trabajado para llegar a ese punto, y cuando me zambullí con confianza en el agua para la primera parte de la carrera, estaba muy lejos de la chica que había sido expulsada de la piscina en su primera clase de natación.

Todo iba bien hasta que me desperté en la ambulancia.

Después de llegar al hospital, me enteré de que durante la parte ciclismo de la carrera, otro ciclista me golpeó por detrás a toda velocidad y golpeé la cabeza contra el suelo con tanta fuerza que se partío el casco en dos. El ciclista que me golpeó ni siquiera se detuvo.

Para peor, el cuadro de la bicicleta, yo acababa de comprar, también se había quebrado durante la carrera y eso significaba que tenía que comprar una nueva, por no hablar de pagar las facturas del hospital!

Durante semanas me desperté en medio de la noche llorando por los dolores de cabeza.

Además, como no había terminado el triatlón, comencé a cuestionarme si realmente podía terminar mi objetivo real, el Ironman. Lo vi lejos y empecé a sentir miedo. Me acordé de ese artículo que el instructor de nataciónhabía mandado.

Ahora que estaba gravemente herida, parecía una posibilidad real. Pero, al mismo tiempo, no podía permitir que llegar a los 30 sin alcanzar mi objetivo.

Pensé en todas las frases que digo cada día cuando doy clases en el gimnasio. Podía oír a mí misma gritando, “Si fuera fácil todo el mundo lo haría!”; y así tuve que llevar a mi propio consejo.

Volviendo sobre mis pies
Antes de que pudiera continuar, tenía que descansar. En el momento en que realmente podría entrenar de nuevo la carrera estaba sólo a un mes de distancia. Después de semanas de “doctoring” mis heridas, yo sabía que tenía que volver a la bicicleta y sinceramente la sola idea de pedalera me hacía  llorar como un bebé, no porque todavía tuviera las rodillas peladas, sino porque estaba muy, muy asustada.

Me obligué a dar un paseo y así me sentí un poco más segura y más confiada.

En agosto de 2015,  me había registrado en mi hotel para el gran fin de semana,  y la primer persona que conocí fue Jean Zaniewski; le pregunté si ella iba a correr y cuando me comentó que sí, decidimos comer juntas esa noche.

Ella me habló de su carrera y objetivos y al escucharla, me reí de mí misma. Pensé que estaba empujando los límites de lo que significaba llegar a los 30, pero Jean ya había estado allí, ya había hecho eso. Jean me explicó que como ex agente federal de la ley, pasó sus años 20 y 30 centrada en su carrera y sus metas deportivas. Después de casarse a los 40, tuvo su primer hijo a los 41 años, había adoptado en segundo a los 45, y tuvo su tercer hijo a los 47. Ella se rió cuando me comentó que ahora que estaba retirada podría ser una ama de casa.

Ella era realmente el modelo de mujer que yo quería ser. Dos días después de que nos conocimos partíamos de línea de partida, como dos gotas de agua, pero con una generación de diferencia.

Ironman Finisher
Sólo seis días antes de mi cumpleaños, me encontré en la línea de salida, una vez más.
Estaba tan aterrorizada de lo que estaba a punto de intentar que grabé un video de despedida a mi celular la noche anterior. Con 140,6 millas por delante de mí, oí la voz de mi entrenador: “No dejes de moverte”.

Bueno, tratando de moverme… con 1.200 personas en el agua a la vez no es nada fácil.

Casi dos kms. de carrera recibí un golpe en la cara, tan fuerte que no pude vovler a sumergir la cabeza por lo que hice el último tramo del agua nadando de espalada.

Cuando llegó el momento de la segunda bicicleta y a medida que pasaban los kilómetros, no estaba asustada; estaba aliviado.

Entonces, mientras corría la última etapa, la totalidad de las42,195 kms., pensé en lo lejos que había llegado. Un año antes apenas podía nadar en una piscina. Yo había trabajado tan duro para entrenar y luego lo inesperado: mi accidente en el primer triatlon. A pesar de mi miedo, decidí levantarme y volver a intentarlo. Y eso es la vida en pocas palabras, ¿no? Podés lograr cosas increíbles si uno se empuja hasta el límite y no vive por las reglas de nadie, sino las propias.

Pero lo más importante, pensé en Jean, que estaba corriendo esta carrera al doble de mi edad. Me di cuenta de que nunca es demasiado tarde para conseguir lo que quieres, y si te abres a experiencias nunca se sabe quién va a coincidir, o inspirar.

Cuando crucé la línea de meta no podría haber estado más orgullosa de donde yo me encontraba en mi vida. Y ahí fue cuando escuché al locutor: “Jackie Faye, eres un Ironman”, y con lágrimas que corrían por mi cara yo quería gritar, “Tengo 30 años!”

Jackie Faye es instructora de fitness y periodista en Manhattan. Tiene una maestría en negocios de Periodismo de la Universidad de Columbia y asistió al Instituto de Periodismo Político de la Universidad de Georgetown. Sus informes se han presentado en todo el país por la cadena NBC, CBS y Yahoo News.