No puedo más, tengo dudas, lo dejo, esto no vale la pena, me retiro. Todos hemos repetido estas palabras más de una vez en la vida, pero ¿qué nos encontramos cuando decidimos abandonar un reto?

 

FOTO:DYN/PABLO AHARONIAN.

 

Primero de todo, rendirse no es de cobardes, sino todo lo contrario. Nadie que ha decidido probar algo y no ha logrado su objetivo puede sentirse un fracasado.

El fin nunca tiene que ser cruzar la línea de meta. Siempre hay algo más importante que acabar una carrera y es tener la satisfacción que hemos dado todo lo que tenemos dentro de nosotros por una causa.

No te engañes, la consecuencia directa de darlo todo en un proyecto no es el éxito, eso en muchos casos no depende de uno mismo, la consecuencia es estar tranquilos con nuestra conciencia.

Puedes cruzar muchas líneas de metas, pero eso no te servirá de nada si tu cuerpo, mente y espíritu no están satisfechos con el resultado.  Para ello es necesario la derrota, sin ella nunca valoraríamos el éxito como es debido.

Se aprende más de las derrotas que de las victorias. Nunca el éxito  lleva a la superación, en cambio la derrota, el luchar por algo una y otra sin recompensa nos lleva a la superación y la superación al éxito.

Nadie recuerda aquello que ha conseguido sin esfuerzo, recuerda que  los días de gloria se basan en momentos previos de gran dedicación.

El mayor problema de abandonar algo es que creemos que no somos lo suficientemente buenos para hacerlo, cuando en la realidad, el abandonar lo único que nos dice es lo poco que nos ha faltado para alcanzar nuestro objetivo.

40%, ese es el margen de resistencia que tenemos después de abandonar un proyecto. Es decir, cuando tomas la decisión de rendirte, tu cuerpo, tu mente solo se ha esforzado un 60% de su capacidad total.

Lo llaman salir de la zona de confort, pero lo cierto es que para mí, el éxito es un juego de la mente, por ello la próxima vez que pienses abandonar algo en la vida piensa en la teoría del 40%. Ese 40% que te separa  de la persona que  eres hoy y de la que puedes llegar a ser mañana.

Por Santi Ferrada