La motivación más grande para una madre son sus hijos. No importa dónde estén ni cómo se sientan, el pensar en ellos las hace invencibles.

 

Vamos, mamá, tú puedes“, se escucha de fondo en medio del Maratón de Buenos Aires. Este domingo 15 de octubre, miles de mujeres decidieron cambiar el desayuno en la cama y los obsequios por el sueño de correr 42 kilómetros, y demostrarles a sus hijos que sí se pueden alcanzar las metas.

Un sol radiante, la música ligera de Soda Stereo comienza a sonar, todo indica que falta muy poco para la largada. Más de diez mil corredores se despiden de sus familiares y esperan el anuncio que tanto habían imaginado durante los últimos meses: ¡arrancó el maratón!

En el primer pelotón salen los atletas con discapacidad, luego los élites, y por el último, aquellas personas que no buscan un podio sino llegar enteros a la meta.

Las horas transcurren, la humedad se hace presente, las calles de la capital argentina se llenan de colores. El Obelisco, Plaza de Mayo, la Bombonera y Puerto Madero son algunos de los puntos más emblemáticos que fueron testigos del recorrido que hicieron todos los participantes. Aunque muchos confiesan que “ni vi por dónde pasaba”.

“Ya vienen llegando.¿Romperán el récord?”, dice un anunciador, a eso de las 9:00 de las mañana, en la avenida presidente Figueroa Alcorta 7000. Todos los presentes se agrupan en las vallas, mientras que los medios de comunicación preparan sus equipos para capturar al keniata Barnabas Kiptum, quien llegó en 2:09.46 y estableció un nuevo récord. El podio lo completaron su compatriota Felix Kimutail (2:11.36) y el etíope Birhanu Bekele (2:11.59).

Por el lado de las mujeres, Amelework Bosho se coronó como campeona con un tiempo de 2:35.26, seguida de Rose Jepchumba (2:35.46) y Ednah Mukahwana (2:38.25).

Ellos se recuperaban y los corredores aficionados seguían su camino. Los calambres empezaron a atacar, el kilómetro 30 se mostraba como el muro a vencer y ahí fue cuando Scarlett Bandres sintió una carga de energía: “Mi hija y sus amigos me acompañaron en varios kilómetros y me tomaron fotos. Verla a ella era una ilusión, eso me motivaba. Decía: ‘cuando la vea voy a correr más rápido'”, contó la venezolana de 44 años de edad.

La nueva maratonista confiesa que se siente “invencible. No puedo describirlo”, soltó con una sonrisa en su rostro. Hace unos meses atrás había pensado en desistir, el frío del invierno no le ayudaba, pero poco a poco se fue acostumbrando.

En su país el Día de la Madre se festeja el segundo domingo de mayo. Sin embargo, desde el 22 de ese mismo mes emigró a tierras sureñas, y aprovechó esta celebración para disfrutarlo con Nicole, su única hija. “Este es el mejor regalo del día de la madre. Por primera vez me recibe en la meta. Es muy emocionante y espero que esto la motive a ella, deseo que se descubra y encuentre una actividad que la haga sentir joven para siempre”, expresó entre lágrimas.

En su camisa mostraba con orgullo la bandera de Venezuela y el nombre del team endurance que la vio crecer como corredora. “Cada vez que me gritaban Venezuela sentía que corría más rápido”, aseguró la mujer que junto con su hija emprendieron un negocio de cejas y maquillaje.

Ella no fue la única debutante, la argentina Carolina Estrada también pudo. Su hija Abril, de 4 años de edad, la esperó durante cinco horas para agarrar su mano y acompañarla hasta la línea de llegada. “Estoy muy cansada, pero también muy contenta. Que me esperara mi hija, mi esposo y mis amigos fue el mejor regalo del Día de la Madre”, dijo mientras abrazaba a su chiquita.

La imagen de su niña la hizo jugársela y seguir cuando sentía que la planta de los pies ya no daban más. “Por ella llegué”, enfatizó con la voz entrecortada. “En el kilómetro 36 pensé que no podía más y me la imaginé a ella esperándome en la meta”, recordó ese instante cuando el corazón pudo más que el cuerpo.

No todas las madres contaron con esa hermosa postal de ver a sus hijos en la meta. A Andrea Gigena le tocó imaginarse la sonrisa de sus dos adolescentes que se quedaron en Córdoba. “Corrí pensando en mis hijos porque es el Día de la Madre. No puedo más de la emoción. De felicidad también se llora”, gritó al recibir su presa que demostraba que sí pudo cumplir con el objetivo por el que brindó el primer día del 2017.

Este era mi sueño y me motivaba hacerle entender a mis hijos que uno tiene que soñar e ir por ellos. Es duro, sufres, lloras, pero se puede“, añadió la mujer de 47 años de edad que puso a sonar cuarteto en el Ipod para conectarse espiritualmente con su gente.

Las tres debutantes no sólo tienen el valioso título de ser madres, ahora también pueden gritar con orgullo que son maratonistas.

Sí, ellas demostraron que el esfuerzo siempre vale la pena y no hay nada que las motive más que el amor por esas personas que trajeron al mundo.

 

Por Mariann García