¿Cuántas veces, en situaciones de presión o de temor se nos dispara un autodiálogo ensordecedor, que no para, que no encuentra punto de anclaje ni de referencia? ¿Cuántas veces en situaciones desfavorables colapsamos ante una voz interior que lo califica todo de adverso?

La escena pertenece a la película Gravedad, y transcurre en un lugar remoto: a 600 km de nuestro planeta entre un astronauta experimentado y una doctora novel en misiones espaciales, que sufren el peor de los inconvenientes, quedar varados en el espacio y no poder volver a la Tierra.

Pero este tipo de diálogos también puede darse en el interior de nuestras cabezas en circunstancias menos drásticas

Timothy Gallwey escribió acerca de la existencia de dos “yoes” en su libro “El juego interior del tenis”. El Yo Número Uno es el yo que habla, es esa voz interior crítica y controladora, basada en el miedo y en la duda de sí mismo que no crea un entorno favorable para un buen desempeño, tanto en el deporte, como en la vida. En cambio elYo Número Dos es el yo que actúa, es el ejecutor de la acción y “capaz de experimentar toda una amplia gama de sentimientos los cuales representan el aspecto más humano de la vida”. Este yo lo escucha todo (por eso es sensible a la crítica del Yo Número Uno), nunca olvida nada y después de ejecutar una acción eficaz sabe exactamente qué músculos utilizar para hacerlo de nuevo. Eso no se le olvidará nunca porque forma parte de su naturaleza. El Yo Número Dos tiene en su memoria un reservorio de acciones que ha almacenado en base a acciones propias realizadas en el pasado como las que ha observado en otras personas. Se maneja por imágenes más que por palabras.

En la película la Dra. Stone se comporta como el Yo Número Uno, no pudiendo cumplir con los procedimientos requeridos a causa de su desesperación, de juzgar los hechos, de etiquetarlos como desfavorables. (Ej. cuando se queda a la deriva sus dichos son: ”no puedo, no veo, no sé, no tengo”)

En cambio Matt Kowalsky mantiene la calma, da órdenes concretas, certeras, sabe qué es lo que hay que hacer en todo momento, cumpliendo así una función más cercana alYo Número Dos. (“Yo sólo soy el conductor del autobús”, dice)

¿Qué podemos hacer nosotros en lo cotidiano de las experiencias deportivas cuando el flujo ininterrumpido del Yo Número Unointerfiere en el desempeño del Yo Número Dos?

– Tal cual como hace Matt con la Dra. Stone, al Yo Número Uno hay que darle una labor, una tarea para que se entretenga y no moleste.

En varias escenas Matt le pregunta a la Doctora por sus parámetros y también le pide que le cuente cómo es un día típico en la ciudad en que ella reside. Se aprecia en esos momentos que la Dra. Stone respira con calma y habla de manera más relajada.

En el deporte cada vez que nos agitamos en exceso o nos ponemos tensos perdemos precisión, flexibilidad, eficacia y no pensamos con claridad. Timothy Gallwey recomienda a los jugadores de tenis observar las costuras de la pelota en su trayecto hacia la raqueta. En otras disciplinas como ser el running, el ciclismo o la natación el concentrarse en el ritmo respiratorio puede ser una labor interesante o contar brazadas, pedaleadas, zancadas, etc.

– Otro punto es que el Yo Número Uno hable de las cosas tal cual son, que describa la situación sin juzgar los hechos como buenos o malos. (“El tanque está vacío pero hay oxígeno en tu traje. Toma sorbos no tragos, vino no cerveza. ”)

Si el atleta erró el camino no es lo mismo decirse “por acá no es”, retroceder y tomar el camino correcto, que decirse “soy un estúpido siempre me equivoco” y buscar el camino correcto. Como señalé en un principio el Yo Número Dos “escucha” todo y así como no olvida qué movimientos tiene que volver a hacer para repetir eficazmente un gesto deportivo tampoco olvida que se lo nomina como “estúpido”, “torpe” o el epíteto que fuese y eso va minando paulatinamente su confianza. Lo que empieza calificando un gesto (“erré el saque”) puede irradiarse a un grupo de conductas (“hoy no me entra el saque”) para finalmente, en el peor de los casos, concluir con la totalidad de la persona (“soy un desastre porque tengo un pésimo saque”).

– Apelar al sentido del humor para descomprimir frente a circunstancias que no podemos controlar (en el video Matt dice “tengo una noticia buena y una noticia mala…”)

– Reconocer los puntos fuertes, los objetivos logrados y el sacrificio aumentan la confianza en el Yo Número Dos

– Con el psicólogo deportivo del equipo es aconsejable trabajar en qué momentos se disparan esas “interferencias” entre los dos yoes y cómo es el tono de esa “charla”. Trabajar sistemáticamente para tener una imagen clara del objetivo a conseguir y aprender a sacar enseñanzas tanto de las victorias como de los fracasos.

“El máximo rendimiento requiere una desaceleración mental.”

T. Gallwey

 

Espero les sirva, hasta la próxima!

Lic. Susana Avella

Psicóloga–UBA

MP 93.258

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susanaavella@psi.uba.ar