Más allá del resultado, lo importante es el cómo llegué a recorrer esa distancia.

Fue una transición mental, preparada para la distancia y a la espera del famoso Muro del que todos hablan; pero que nunca llegó.

A esta altura estoy en condiciones de afirmar, que fue el corazón quien intercedió y se consagró vencedor en la gran pulseada que proponía la distancia, a pesar de estar científicamente demostrado que el cuerpo a partir de cierto tiempo de contínuo esfuerzo tiende a funcionar con algunas facultades disminuídas.

Sensaciones

Les estaría mintiendo si les dijera que todo fue estupendo y que el cuerpo en ningún momento se quejó, pero el músculo que se interpuso sobre los demás fue el corazón. No se quejó. Y creanme que fue el que más empujó.

Los kilómetros iban sucediendo, algunos más rápidos que otros, los finales casi eternos.

Las molestias se fueron sumando, los calambres se despertaban y saludaban desde los gemelos…y a pesar del dolor, había un solo músuculo que me pedía que no parara, que no me detuviera bajo ningún punto de vista.

Quizás, por intuición rogaba no parar, porque volver a arrancar iba a ser aún mas dificultoso.

Y así fue, no paré, pero no lograba que se pusiera en sintonía con la cabeza. Ella sí; ella me hablaba bajito, y me pedía unos segundos de calma para relajar algún músculo dolorido.

El Viaje

42,195 kms., distancia señora y madre de todas las distancias de calle; y pesar de haber entrenado mi físico para los kilómetros, no imaginaba que también me invitaría a viajar.

Un viaje a la introspección, que me invitó a conocerme un poco más. Alejarme del telefóno por casi 4 horas, olvidarme de una porción de mi larga rutina para adentrarme en mis profundidas.

Un viaje al más allá, donde puede salir a flote lo inesperado. Y es que, a veces la mente juega con nosotros y nos dispara todo tipo de interrogantes e incógnitas, no solamente el clásico “¿que hago acá?‘” o “¿quien me mandó a mí correr esto?“, sino cuestiones más profundas que a veces con la diaria no podemos o queremos resolver ya sea por falta de tiempo dentro de la rutina o simplemente por la más mínima excusa para no prestar la debida atención.

Si decidís emprender este viaje, las únicas valijas vas a necesitar son aquélas que cargues durante tus  entrenamientos, no importa el tiempo que demores en llegar, porque la emoción de la llegada es la misma, y la explosión de alegría es tan alta que tiende a llevarnos en simultáneo al llanto desconsolado.

Esas lágrimas dan cuenta del viaje, de lo vivido durante el trayecto, que para muchos representa más que 42,195 kms.; se traducen en una pila de kilómetros recorridos en meses e incluso años anteriores, de esfuerzo y en tiempo sacrificado para con nuestras familia y amigos, dolores, correcta alimentación, y todo lo que quieras meter dentro de ese equipaje que llevás en tu viaje.

Y lo bueno de este viaje, es que a pesar de salir todos en el mismo horario, y en la misma línea, todos experimentamos uno distinto. Si bien las bebidas y la comida que nos sirven es para todos por igual, la película que se nos presenta es tan única que solamente se encuentra en el menú de tu asiento.

Una experiencia inolvidable, y a pesar de los muchos dolores musculares -por el asiento en el que me tocó viajar- aún no me permiten insertarme en mi rutina, la felicidad que llevo es tan inmensa que no la puedo contener.

Un gran viaje, y si bien viajé sólo, conocí un montón de personas en el trayecto.

Saludos, y hasta la próxima.

Autor: Gonzalo Gamen

Editor @Triatloners.com