Parto diciéndoles que me fue muy difícil ponerle nombre a mi artículo, es más, creo que aún no estoy segura si fue el correcto o no, pero aquí va la historia, decidan ustedes si le va o no.

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En el mes de enero de 2016 fui, junto a mi marido, a presenciar el IM 70.3 de Pucón (Chile), quedando impregnada de toda esa emoción, esfuerzo y sacrificio de los más de 3000 triatletas que se juntan en dicho evento.

Ya de regreso en la ciudad donde estaba trabajando, me acerqué al equipo local de triatlón, quienes me contaron su forma de entrenar, horarios y costos, pero fue ahí donde no pude concretar nada ya que en aquel entonces mi trabajo era muy absorbente y no hubiese podido asistir a los entrenamientos además que consideraba que el costo mensual era muy alto.

Me dejé estar.

Sin embargo, en el mes de septiembre de ese mismo año vi una publicación en Facebook donde un equipo de Tri buscaba dos mujeres más para completar el Team y la modalidad iba a ser a distancia, es decir, me enviaban los planes de entrenamiento y yo los hacía según mi disponibilidad de tiempo. No lo pensé dos veces y solicité unirme.

Afortunadamente me aceptaron y fue la mejor decisión que pude haber tomado, ya que hacía un par de semanas nomas que había quedado con licencia médica y lo que más me habían recomendado los médicos era realizar deporte, por lo que yo dije “esta es la mía!”.

Como tenía prácticamente todo el día para entrenar, comencé disciplinadamente cada mañana a realizar mis ejercicios, empecé a buscar más información sobre el Triatlón, seguir a figuras nacionales para tener referencias y cosas de ese estilo. Cada día me sentía mejor conmigo misma y veía como iba mejorando.

Hasta que llegó el momento de decidir en cual Triatlón haría mi debut, revisé el calendario y en primera instancia había optado por uno en el mes de diciembre, sin embargo, debido a una caída, no pude llevarlo a cabo por lo que tuve que posponerlo a uno que se realizaría en el mes de febrero en Caldera (Triatlón en el que salió vencedor del Half, el Argentino Emma Lodice).

Antes que llegara mi fecha en febrero, partí nuevamente a ver el IM 70.3 de Pucón, allí me reuní por primera vez con parte de mi equipo y fue todo maravilloso; hablábamos de carreras, técnicas, equipamiento, etc., hacía tiempo que no me sentía en el “lugar indicado”.

Ya en febrero de 2017, se acercaba mi debut y yo sagradamente seguía al pie de la letra el plan de entrenamiento. La verdad es que para mí siempre ha sido muy importante, más que ganar, llegar a la meta en buenas condiciones y sentir que di lo mejor.

Llegó el gran día, y pese a que muchos dicen que la noche anterior duermen poco o duermen mal… yo todo lo contrario! dormí de maravillas! por lo que tuve un muy buen descanso. Si debo reconocer que estaba nerviosa por la natación, pese a que el mar en ese sector era muy tranquilo, ya que era y sigue siendo, la disciplina que más me cuesta avanzar o mejorar mis tiempos.

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Sonó el pito y todos al agua! Los primeros segundos ufff….. sentía que iba a quedar exhausta, pero ya avanzados unos 200 metros, empiezo a tomar ritmo, regular respiración, controlar la salida de cabeza del agua y me concentro.. no veía muy bien los puntos del recorrido, porque soy corta de vista sumado a los lentes que se me empañaron levemente, pero me iba fijando en el “chapoteo” de los que iban delante de mí así que los seguía a ellos.

Cuando llegué a la primera boya, me sentí casi que estaba por salir del agua, eran solo 950 mts, así que llegar a la segunda se me hizo más corto y luego salir del agua ya era sólo un trámite.

En la primera transición y tal como me habían advertido, estaba un poco mareada, me costó ponerme los zapatos de la bicicleta, estaba muy nerviosa, luego me pongo el caso, tomo mi bici y me largo. Ya en la bici me sentí excelente, era la prueba en la que iba más fuerte y en el camino sentía como mis piernas eran capaz de más y más; tenía claro que después debía bajarme a correr, por lo que dosifiqué dentro del ritmo al que iba.

Pese a que del agua había salido bien atrás, en la ruta de la bicicleta pasé a varios corredores, eso me ponía más feliz aún, considerando además que sólo competía con una bicicleta de ruta y me sentía un poco disminuida al lado de todos los que competían con bici de triatlón, pero como me dijo alguien por ahí, la bici ayuda, pero lo más importante son las piernas de quién va arriba; y a la fecha concuerdo plenamente.

Ya en la segunda transición fue todo más rápido, dejé mi bici, me saqué el casco, me puse las zapatillas, el jockey y salí a correr, durante ese proceso escucho al locutor decir “ella sabe lo que está haciendo” , asi que sentí que lo estaba haciendo bien y como debía.

Me fui, no sabía si iba otra competidora adelante mío o no, jamás me fijé en si habían más bicicletas en el parque cerrado, sólo me fijé que tras mío salió otro varón corriendo pero que jamás me pasó en la carrera. Cuando mi reloj gps me marcaba que iba a llegar luego a la mitad del trayecto, le preguntaba al staff de los organizadores que cuanto faltaba para dar la vuelta, todos me decían -como de costumbre- “un poco más adelante” así que seguía nomás, a buen ritmo, lo cual también me impresionó porque me sentía muy bien corriendo y cuando giré tampoco atiné a preguntar si habían visto otros competidores delante de mí, sólo recuerdo un varón que me llevaba unos 300 metros.

Ya en los últimos 200 metros, escucho a lo lejos al locutor que decía “y llegando al finish line… la primera dama.. la primera mujer!!”

En ese momento creo que se me frizaron los pelos… sentí tanta emoción, y crucé la meta con la sensación de haber logrado lo máximo en este mundo. Finalmente me había ido muchísimo mejor de lo esperado, sólo me ganó un varón.. nadie más!!! Y obviamente tuve el primer lugar en la general de mujeres y el primer lugar de mi categoría. Hasta hoy me refiero a aquel día como “felicidad” porque fue tanta emoción que jamás pensé que me sentiría así.

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Sin lugar a dudas el Triatlón forma una parte importantísima en mi vida, me ayudó en el momento más difícil y ha seguido junto a mí y espero que sea así por muchísimos años más.

Quiero concluir mis palabras, alentando al público a atreverse con el Triatlón, a que muchas veces el deporte es incluso más efectivo que las pastillas; a ser constantes, a que pese a que uno puede tener caídas muchas veces, hay que levantarse y seguir adelante, a encantarse con esta maravillosa disciplina que nos pone a prueba en tres escenarios distintos y ya verán que cuando crucen la meta, todo habrá valido la pena y todos los malos momentos quedarán atrás.

Autora: Rocío Rojas