En primer lugar, salir a correr al mediodía nos permite desconectar por completo de la actividad que estábamos haciendo y, si después tenemos que regresar a ella, nos ayuda a hacerlo con muchos más ánimos. Por mucho que visto desde fuera pueda parecer que trabajar después de correr tiene que ser algo muy parecido a una tortura, la verdad es que la actividad física nos ayuda a estar más despiertos durante unas cuantas horas y, por lo tanto, nos permite rendir más y mejor en el trabajo.

Con media hora basta

Siendo realistas, olvidarnos durante unos minutos de nuestros problemas laborales para entregarnos en cuerpo y alma a un ejercicio que nos ayuda a mantenernos en forma es una de las mejores maneras de aprovechar la hora del almuerzo. ¿Y cuándo comemos? Aunque algunas personas lo hacen antes, el más elemental sentido común indica que es preferible hacerlo después de correr. En realidad, sobre todo si estamos en verano, un rodaje de media hora puede ser más que suficiente y ello nos deja tiempo para cambiarnos antes y ducharnos y comer algo ligero después aun suponiendo que sólo dispongamos de una hora.

Fácil y efectivo

Otra de las ventajas de este sistema es que puede ser muy efectivo aunque sólo salgas a correr dos o tres veces a la semana. Además, al coincidir con la jornada laboral es fácil que siempre puedas salir a la misma hora, con lo que el cuerpo acaba acostumbrándose a unos horarios que no tienen por qué ser malos.

Todo depende, por supuesto, de la zona donde trabajes y de que tengas cerca un espacio apropiado para correr, pero con un poco de voluntad es muy probable que casi cualquier lugar te parezca apropiado para enlazar zancadas.

En el peor de los casos, es probable que no muy lejos haya un gimnasio con cintas para correr!