Siempre alentamos a nuestros lectores para que compartan alguna crónica de carrera, experiencias, inquietudes e incluso sugerencias que puedan enriquecer esta comunidad. Hoy, desde Bariloche, Gabriel Napoli se animó a contarnos lo que fue su Maratón de New York.

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El pasado 3 de noviembre tuvo lugar una nueva edición de la Maratón de Nueva York. Viajamos desde Bariloche con LAN hasta Bs As, luego a Santiago de Chile y de ahí directo a Nueva York con el nuevo Boeing 787 Dreamliner. Una vez arribados a JFK nos dirigimos a Manhattan para alojarnos en el Hilton de Avenida de las Américas (6ta Avenida). El trayecto lo hicimos en tren y subte, ideal para quienes viajan con poco equipaje y desean apartarse del protocolo turístico para mezclarse con los residentes. Desde JFK sale el “air-train”, un monorriel muy cómodo que te saca del aeropuerto hasta “Jamaica Station” desde donde parten diferentes líneas de subtes y trenes urbanos.

La red de trenes y subtes, además de económica, es muy conveniente tanto en sus horarios como en sus recorridos, inclusive hay aplicaciones para bajar al celular con toda la información que brinda  la MTA (Metropolitan Transportation Authority).

Los días previos a la carrera los aprovechamos para recorrer sitios referentes en Manhattan como Central  Park, la Estación Central, el Soho , el Moma y por supuesto Times Square. Un detalle particular que nos pareció interesante fue el mercado de la Estación Central, allí hay un stand dedicado al venta de especias y tés que se venden al peso y en unas cajitas metálicas muy atractivas.

La acreditación para la carrera se hizo en el centro de convenciones Javit cercano a Port Athority. El predio es inmenso, una especie de “Disney” para los corredores, con todas las marcas exponiendo lo último en nutrición, indumentaria y tecnología.

El viernes previo a la carrera se realizó el desfile de las delegaciones en el central park, un evento muy colorido que culminó con mucha música y fuegos artificiales.

La actividad del día domingo comienza muy temprano (en mi caso a las 5.00 am), los más de 50.000 corredores tienen que acceder a la zona de largada en Staten Island de manera ordenada pero sobre todo sincronizada. Para ello la organización dispone de micros y ferrys para llegar hasta el parque cerrado y divide los grupos en función del tiempo estimado de carrera que previamente cada corredor declara al momento de la inscripción. Los grupos se dividen en olas (waves)  y a su vez, cada ola está compuesta de sub grupos para que todo fluya razonablemente. Luego de estrictos controles para mantener la seguridad a nivel casi de un aeropuerto, se accede al predio donde la espera transcurre al reparo de carpas que cuentan con comodidades básicas .. baños.. desayunadores.. barras energéticas.. bebidas deportivas.. etc. Es recomendable llegar temprano, o por lo menos al horario que sugiere la organización de acuerdo al turno de largada que corresponda. Mi experiencia fue buena.. si bien llegué casi 3 horas antes de largada (con los buses del transporte oficial Anthony Travel ) el tiempo se pasó muy rápido, hay que disfrutarlo. En Nueva York suele estar muy fresco (o mejor dicho frío) en esa época del año por lo que hay que estar preparado con la ropa adecuada para la espera, luego hay 2 opciones..  La ropa que sobra, o bien se dona o bien se entrega en la bolsa que la organización provee para que nos la devuelvan en la llegada.

Faltando una hora para la largada pasamos a los “corrales” para ordenarnos y finalmente se oye el cañonazo que da inicio a una carrera soñada..  nos espera el puente Verrazano y luego Brooklyn, Queens, Harlem, Bronx y finalmente Manhattan y el Central Park. Recibimos el aliento de 2 millones de personas que nos empujan a lo largo de 42 kilómetros llenos de sensaciones.  Carteles de aliento, 120 bandas en vivo, miles de manos esperando un “high five”.. todo hace que el dolor en las piernas pase a segundo plano.

Crucé la meta en 3hs 20min con la satisfacción del deber cumplido… Y sí.. es como todos cuentan…  en un segundo pasan por la mente todas las horas de entrenamiento, el frío de las salidas de “fondo” en el invierno barilochense.. el apoyo de la familia, los compañeros de enteramiento… la lista es larga.

Los maratones son tan extenuantes como reconfortantes.. hay que experimentarlo para comprenderlo..  Por eso,  con la medalla de finisher en el pecho y la bandera argentina sobre los hombros, camino lento hacia la zona de “family reunion” al encuentro de mi esposa Irina mientras pienso “dónde será la próxima..?”

Por Gabriel Napoli.

Gracias Gabriel! Esperamos la próxima.

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