Triatleta aficionado pero además amante del mountain bike, el  pedestrismo y la aventura, este deportista de 36 años no tiene techo para volar. Lo refleja una historia de vida en la que supo materializar sueños para convertirlos en hazañas, experiencias y mucho aprendizaje.

Desde que la pasión por el deporte nació en él, para Pablo Ureta no hay imposibles sino sólo metas por cumplir. Así lo demuestra una próspera carrera como triatlón, especialidad que lo llevó a obtener importantes logros, abrirse al mundo y hacer grandes amigos.

Oriundo de la localidad cordobesa de Huerta Grande y residente suizo durante más de una década, Pablo pareciera conocer la receta
para trascender más allá de lo deportivo y llegar al corazón de la gente con la humildad de los grandes y el trabajo comprometido y
perseverante.

“Hago deportes desde que tengo cuatro años,a los 14 estando en la secundaria un profe organizó un triatlón, había que nadar, correr y
andar en bici y me sumé. Gané la carrera y eso me dio alas para seguir”, cuenta con el mismo entusiasmo que hace 22 años.
Lejos de la casualidad están los motivos por los que llegó a ser el argentino que más veces participó del Ironman de Hawaii, el más antiguo y prestigioso triatlón del mundo. “Cuando se tiene un objetivo, hay
que ir tras eso. Y en ese sentido, creo que la perseverancia que va asociada con la motivación, la disciplina, el amor y la pasión son fundamentales. Si uno combina todo esto, no hay barreras de ningún tipo”, dice convencido.

Y las pruebas están a la vista. Con 36 años, Pablo participó en competencias de triatlón, mountain bike, pedestrismo y aventura, y llegó
a los rincones más recónditos de Sudáfrica, Egipto, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Estados Unidos, Europa y hasta el Círculo Polar
Ártico, entre otros tantos lugares.

De estas experiencias, valora la posibilidad de haber compartido distintas culturas, idiomas y vivencias destacando el rol “integrador” del
deporte. “Cuando te une la misma pasión uno se puede entender con gente de cualquier rincón del mundo. El deporte nos iguala”,
sostiene. Y agrega: “Hay que estar abierto y mantener el respeto por lo diferente, sin olvidarse de las raíces. Éstas son cosas que nos hacen crecer, disciplinan, nutren y uno traslada inevitablemente a todos los ámbitos de la vida”.
“Haciendo las cosas bien, siendo honesto y trabajando duro, las cosas llegan. Quizá tardan un poco más pero se quedan para siempre”, culmina.

UN TODOTERRENO

La historia de Pablo Ureta estaría incompleta si solo nos restringiéramos a su afición nata por el deporte. Queda todavía ese rico costado humano, enérgico y obstinado, que le permitió – por ejemplo – pasar más de diez
años de su vida en Suiza.

“Me mudé a Suiza en el 2002 para estudiar en la universidad y seguir practicando este deporte que llevo en la sangre. No fue fácil. Sabía que tenía que bancarme los estudios así que golpeando puertas di con una familia que me dio trabajo y terminó cobijándome como
un integrante más durante siete años”, relata.

“Gracias a su apoyo y el de mi familia, terminé la licenciatura en Administración de Empresas, hice un posgrado en International Business y me fui como estudiante de intercambio a Alemania, donde aprendí el idioma”, que hoy habla a la perfección al igual que el inglés, el
francés y el italiano.

Gracias a su formación, Pablo se consolida además como organizador de eventos deportivos mientras sigue soñando: “Quisiera plasmar mi amor por el deporte en un megaevento que trascienda a nivel mundial y
seguir corriendo hasta los 70, haciendo de esto
un verdadero estilo de vida”.

Gracias Pablo!

http://www.pabloureta.com/