Las fracturas de estrés pueden ocurrir en diversas zonas del cuerpo y están relacionadas con el deporte que se practique. Por ejemplo, serán más evidentes en las zonas del cuerpo con mayor sobrecarga; en el running se evidencian predominantemente en tibias y metatarsos y en menor frecuencia en fémur y cadera.

Desde el punto de vista clínico se caracterizan por un microtrauma repetitivo determinado por el ejercicio, caracterizado por un incremento súbito de la intensidad, frecuencia y duración; por dolor agravado con el ejercicio, palpación o percusión aún cuando puede estar presente en reposo; por enrojecimiento e inflamación en la zona y pudiesen estar presentes los antecedentes de una baja ingesta de calcio así como bajos niveles estrogénicos que se pueden acompañar de amenorrea y otros trastornos menstruales en mujeres.

Su diagnóstico dependerá de la habilidad del médico para evaluar los signos y síntomas propios de este problema así como de la correcta interpretación de las diversas evidencias radiológicas. Si bien los síntomas de las fracturas de estrés pueden parecerse a aquellos de otros tipos de lesiones, se pueden diagnosticar con marcada precisión mediante el uso del cintigrama óseo.

FACTORES DE RIESGO

Factores biomecánicos: Alineaciones anómalas de los miembros inferiores como rodillas varas o valgas, pies planos o excesivamente arqueados.

Zapatillas: ¿Dan un buen soporte al arco? ¿Tienen buena capacidad de absorción de impacto? ¿Fija adecuadamente el talón? Cuando el deportista corre, ¿supina o prona el pie?

Programa de entrenamiento: ¿El entrenamiento trabaja con una progresión adecuada de las cargas? ¿Incluye actividades distintas para reducir las cargas excesivas?

Hábitos nutricionales e historia ginecológica: ¿Son los ingresos nutricionales de calcio son los correctos y suficientes? ¿Se lleva control de la menstruación así como de sus características?

¿CÓMO PREVENIRLAS?

 Incrementos progresivos y lentos en las cargas aplicadas; Por ejemplo un incremento de un 10 a 15 % quincenal de la cantidad de entrenamiento en los corredores.

Carrera en superficies blandas como grava o arena.

Mantenimiento de una dieta con cantidades adecuadas de calcio.

Uso de zapatillas adecuadas a las características del pie, forma de carrera y fase de entrenamiento.

LA REHABILITACIÓN

Reposo activo: Si bien durante esta fase se permite una recuperación del hueso, se logra a través de actividades específicas mantener la función cardiovascular, la fuerza, la flexibilidad y la coordinación neuromuscular. En tal sentido se recomienda actividades en la piscina que van desde la natación hasta la carrera con salvavidas en la parte profunda así como el uso de la bicicleta estática. Igualmente se desarrollarán programas de fuerza y flexibilidad específicos para el área lesionada y para las otras partes del cuerpo.

Estudio del patrón de carrera del corredor: En el mismo se establecerá el patrón biomecánico de carrera, si presenta anormalidades, si necesita zapatillas especiales, o de algún aditamento específico como plantillas u ortesis.

Terapia nutricional y hormonal: La terapia nutricional y hormonal puede ser apropiada en ciertas fracturas de estrés, sobretodo en pacientes que presentan trastornos de la alimentación. La recomendación del uso de 1500 mg. de calcio en pacientes con fracturas de estrés cobra importancia en mujeres amenorréicas, quienes tienden a tener menor densidad ósea y están a riesgo de sufrir fracturas de estrés adicionales. La terapia estrogénica, usada tempranamente, puede ser beneficiosa por ser capaz de obtener y quizás revertir la disminución de la densidad ósea en atletas amenorréicas.

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¿CUÁNDO VOLVER A LA COMPETICIÓN?

Se volverá a competir cuando exista:

Un rango articular completo y sin dolor de la zona lesionada.

Una fuerza de la extremidad lesionada de al menos el 90% de la pierna contralateral.

La ausencia de signos de fractura como dolor, inflamación o enrojecimiento.

Una capacidad aeróbica y anaeróbica acorde a las demandas de la carrera.

Habilidad funcional completa y sin dolor.

RESUMEN

Las fracturas de estrés en los corredores se producen por el microtrauma repetitivo que ocurren más frecuentemente en tibia y metatarsos. Un dolor localizado sobre una superficie ósea que este relacionado con un incremento de la actividad física es una señal para el diagnostico de una fractura de estrés. Su tratamiento es usualmente conservador y pocos casos requieren cirugía. El tratamiento incluye, además de una educación apropiada para el tratamiento, reposo activo, uso de anti-inflamatorios esteroideos, control radiológico seriado, terapia física cuando sea necesaria y un retorno controlado al entrenamiento y competición.

 

ARTÍCULO DEL INSTITUTO GATORADE DE CIENCIAS DEL DEPORTE POR:

 Ricardo Javornik, M.D.

Caracas, Venezuela