Hablamos de fatiga (o cansancio al percibirla) en el deporte, por lo general, cuando no podemos mantener el nivel de rendimiento que estamos realizando.

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Las causas puede que sean sólo físicas o puede que vengan mediatizadas por lo psicológico. Saberlo no siempre es fácil, porque es muy difícil separar la mente del cuerpo, pero lo que es indiscutible es que el cansancio físico, la fatiga, existe, y además es necesario para que nuestro organismo no colapse, es como una defensa para evitar el deterioro celular irreversible o sufrir una lesión.La fatiga también es a veces necesaria para aumentar nuestras capacidades físicas. Cuando el organismo la detecta desencadena una serie de reacciones fisiológicas para sobrecompensar y poder seguir con la actividad. Es la llamada “reserva” que más de uno habremos experimentado, cuando pensamos que no podemos mas, a pesar de ello persistímos en el esfuerzo y al poco rato empezamosa notar que la fuerza vuelve a vuestros músculos y que en ese momento “aguantas lo que venga”.

TRES TIPOS DE FATIGA:

1. Aguda:aparece cuando estamos realizando el ejercicio físico, obligándote a detenerte o produciendo una disminución notable de tu rendimiento. A su vez puede ser global si afecta a las 2/3 partes de nuestra musculatura o local si afecta a un sólo grupo de músculos. Puede producir microlesiones musculares y las conocidas “agujetas” que es un cuadro de inflamación muscular retardada.2. Subaguda o sobrecarga: tiene lugar tras una serie de ejercicios que exceden un poco lo habitual, por ser más intensos o con menos descanso entre entrenamiento y entrenamiento. Sirve para estimular al organismo a fin de que realice la sobrecompensación y de esta forma aumentar nuestro nivel deportivo.3. Crónica: aquí es cuando se tensa demasiado la soga, forzamos tanto nuestro organismo que éste no puede sobrecompensar. Se diferencia de la anterior en que aquí es mucho más difícil recuperarse, pudiendo llegar a padecer el Síndrome de Sobreentrenamiento (SSE).

La fatiga aguda y subaguda son un sistema de protección de nuestros músculos para evitar ser dañados, en cambio, la fatiga crónica produce un deterioro muy complicado de recuperar (incluso irrecuperable). Por ello creer a rajatabla que el cansancio es psicológico y machacarte cual marine en su instrucción, puede llevar a unas consecuencias bastante graves, y que en lugar de progresar tengas que dejar la bici o limitarte a dar un paseo por el parque con los más pequeños de la casa.


Fatiga y percepción de fatiga

Son dos conceptos diferentes: fatiga se refiere a la disminución del trabajo físico, mientras que percepción de fatiga es el grado de cansancio que la persona percibe. Esta percepción parte de las sensaciones físicas, es decir, pensamos que estamos cansados cuando nos duelen las piernas, nos falta la respiración, se nos dispara el pulso, etc. El cuerpo nos manda un mensaje que nosotros interpretamos como señal de cansancio. No obstante, y dado que aquellos a los que nos gusta dar pedales tendemos un poco al masoquismo, solemos considerar que si las piernas no duelen es que no te estás forzando lo suficiente y por tanto, no progresas, por ello más que considerarlo señal de cansancio podemos pensar que estamos haciendo un buen trabajo físico. Bien, eso es cierto teniendo en cuenta que la fatiga aguda y subaguda nos permiten progresar, pero ojo con caer en la fatiga crónica.

Seguro que habrán oído, o habrán dicho o escuchado ustesdes mismos, a un ciclista veterano decirle al novato que tiene que aprender a sufrir sobre la bici si quiere tener un nivel no ya bueno, sino al menos aceptable para aguantar el ritmo del pelotón. Ahí es cuando suele salir la frase con la que encabezo el artículo: “El cansancio es psicológico”. Pero el caso es que no es tan cierto que esa percepción de cansancio esté inducida por factores psicológicos: según los estudios, lo más que se ha encontrado es que el factor psicológico como determinante principal de la sensación de fatiga sólo se da en una tercera parte de las personas que practican deporte. Dentro de éstas, parece que las personas con problemas de depresión y ansiedad se sienten más cansados de lo que físicamente están y en cambio con las personas extravertidas ocurre al contrario: piensan que no están cansadas aunque el organismo les esté gritando desesperadamente “basta”.

¿Cómo sé si estoy realmente cansado?

Las pulsaciones suelen ser un buen indicativo, tomadas en reposo. Esto se realiza por la mañana temprano, nada más levantarte
de la cama, nos sentamos durante unos minutos y te tomás el pulso (en el cuello, justo debajo de la curva de la mandíbula, es donde mejor se nota). Lo repitís los dos días siguientes y luego haces la media de esas tres medidas. Esta media serán tus pulsaciones en reposo. Repetí la operación al cabo de un tiempo de entrenamiento habitual (una semana, dos, depende los días que entrenes…). Lo normal es que se reduzcan o mantengan, si en cambio han aumentado y no es por algún problema médico, es un indicio de sobreentrenamiento, por tanto habría que replantearse el plan de entrenamiento para no caer en la fatiga crónica. Esto en circunstancias normales, si, al margen de nuestra faceta deportiva, en otros aspectos de nuestra vida estamos sufriendo un estrés notable, también pueden subir nuestras pulsaciones. En ese caso, mejor nos tomamos con calma el entrenamiento, para que nos sirva para relajarnos y no para estresarnos más. Incrementar el nivel de actividad física para huir de los problemas personales no es una solución, porque puede contagiarse el mal rollo a tus salidas de entrenamiento y que le agarres mal gusto.

Eva Montero(psicóloga deportiva)