Es importante que escuchemos a nuestro cuerpo cuando se queja. Aunque sea levemente, si lo hace es por algo. Siendo prudentes, evitaremos que una molestgia se convierta en una lesión crónica.

Si hay algo que los deportistas tememos por encima de todas las cosas es estar lesionados. Un pobre o nulo calentamiento, un accidente fortuito, un exceso de entrenamiento, una mala práctica del ejercicio… son variadas y distintas las causas que nos pueden llevar a tener una lesión deportiva. En este artículo me gustaría enseñaros el mejor truco que conocemos para salir con seguridad y con éxito de una lesión deportiva. Para ello, vamos a dividir las lesiones deportivas en dos tipos, graves y leves:
– LESIONES GRAVES: Las lesiones deportivas graves son aquellas que te obligan a estar parado: roturas de huesos, dislocaciones, desgarro muscular, dolores fuertes en articulaciones (rodillas, hombros…). Con estas casi no vamos a tener problemas en la recuperación, ya que ellas nos obligan a parar. Solamente tenemos que dejar pasar el tiempo y nuestro organismo se encargará de regenerar y recuperar la zona lesionada.
– LESIONES LEVES: Las lesiones deportivas leves son aquellas que casi todos hemos pasado y no le damos apenas importancia: tendinitis, torceduras de tobillos, rodillas, leves dolores en los hombros (manquitos rotadores), pequeños pinchazos en la espalda, pinchazos en los gemelos, tendón de Aquiles, rodillas… La lista es larga y, normalmente, debido a nuestras ganas de hacer deporte, no les hacemos ni caso y que muchas de ellas se van agravando cada vez más con el paso de las semanas, meses o años.


Lo mejor es parar
Pues bien, te diré el mejor truco para recuperar más rápidos estas leves lesiones deportivas. Es tan sencillo como parar la activad deportiva. Sí, no tiene otro misterio. Cuando tengas una leve molestia, tómate un respiro, deja de entrenar por un tiempo. Es típico ver a deportistas que se quejan de pequeños dolores a los que no les dan importancia y que con el tiempo se convierten en tendinitis y con más tiempo se convierte en una lesión crónica. ¿Vale la pena sacrificar el resto de nuestra vida deportiva por no parar 15 días? Cuando hay una lesión, hay que parar. Tenemos que escuchar a nuestro cuerpo y traducir aquellas sensaciones y mensajes que nos está transmitiendo. Si nos está diciendo que le duele una pierna, no le pongas una plantilla al pie para seguir corriendo. Si te está diciendo que le duele un hombro, no te eches crema calentadora para seguir levantando pesas en el gimnasio, si te está diciendo que le duele la rodilla, no cambies a terreno más blando para seguir corriendo. Sencillamente para. Y si no paras, no pienses que el uso del electroestimulador para quitar dolores, la acupuntura, los calmantes, los antiinflamatorios… van a ser sucursales de Lourdes o de Fátima, que solamente por ponerte el electroestimulador o por tomar la pastilla, vas a salir de la lesión sin detener tu ritmo de entrenamiento.

El milagro que buscamos
De poco servirá la electroestimulación para recuperar una zona lesionada o tomar el antiinflamatorio si horas más tardes vuelves a cargar esos músculos, tendones o articulaciones doloridas. Tenemos ese problema los deportistas recreativos. Sentimos un dolor y seguimos, seguimos y seguimos haciendo deporte con la esperanza de que por sí sólo ese dolor desaparezca. Mi querido amigo, si tienes un dolor en alguna parte de tu cuerpo al hacer ejercicio, es porque hay algo que estás haciendo mal. Si has averiguado cuál es el motivo y lo has corregido (por ejemplo unas zapatillas nuevas que te hacían pisar mal, o una mala colocación de las manos a la hora de levantar pesas, o una incorrecta posición del sillín) entonces corrige aquello que te estaba haciendo daño y sigue realizando ejercicio pero con una intensidad suave y sin que tengas molestias, hasta que notes mejoría y no haya ningún tipo de dolor.

Y si tienes una lesión pequeña provocada por sobrecarga, exceso de entrenamiento, mal calentamiento… en definitiva, si tienes una molestia que no acaba de desaparecer y que día a día parece que sigue ahí o que va a más, tienes que parar. Un pequeño pinchazo sin importancia en según qué parte se puede convertir en un dolor crónico o una lesión para toda la vida. Si realmente nuestra pasión es el deporte, no la estropeemos por una lesión deportiva a la que no hacemos caso. Cuando nuestro cuerpo se queja, es por algo. Escuchémoslo. Todas las lesiones por mínimas que sean o parezcan, necesitan un tiempo para sanar. Cuando estés lesionado, para y recupérate. Vale la pena invertir ese tiempo en tu futuro.

Pedro García es preparador fisico
www.electroestimulaciondeportiva.com