El entrenamiento en ayunas puede ser útil para perder peso, pero si no lo hacemos bien es probable que reduzcamos nuestra masa muscular y retrocedamos en el nivel de forma.

A pesar de toda la información que hoy en día tenemos (internet, televisión, revistas y publicaciones especializadas), la mayoría de los deportistas creen que para perder peso, lo mejor es seguir haciendo deporte dejando de comer. Recientemente me encontré con un ciclista que estaba algo pasado de peso. Volvía de unas vacaciones espectaculares y había ganado en una semana unos 5kg. Decidió que la mejor manera de perder peso era salir a entrenar en ayunas. Rápidamente perdió los 5kg y alguno más. El resultado a nivel de pérdida de peso fue espectacular –¡atentos, digo pérdida de peso y no de grasa!–.

Evidentemente esas prisas tuvieron un precio. Durante los 15 días que duró su plan de pérdida de peso, a la par que eliminaba grasa eliminaba también músculo. Semans después, esto le causó un tremendo retroceso en su estado de forma, ya que no tenía fuerza para dar pedales. Era un buen rodador y se defendía muy bien en la media montaña. A raíz de esa dieta tan estricta, no podía ni seguir al grupo cuando se ponía se aumentaba el ritmo.

Los peligros del ayuno y las dietas drásticas
Hay entrenadores que recomiendan el entrenamiento en ayunas para activar el consumo de grasas. Yo no soy partidario de esta práctica, aunque sé que funciona siempre y cuando no se supere una intensidad suave durante el ejercicio. En ese caso, cuando exigimos un alto rendimiento a nuestro cuerpo y no hemos tomado ningún alimento, el entrenamiento en ayunas se vuelve peligroso y poco efectivo porque el músculo deja de consumir grasas para consumir una energía más potente: el propio músculo. Es decir, el músculo se come así mismo, un efecto llamado “catabolismo”. Si estás pensando que necesitas hacer una dieta para reducir grasa o para afinar y definir y tienes contemplada la opción de reducción drástica de la comida mientras sigues haciendo ejercicio, quítate de la cabeza la idea de pasar hambre. Sé inteligente y utiliza alimentos que no se acumulen como grasa.

Recuerda que los hidratos de carbono como la pasta, arroz, papas, pan… son el combustible del cuerpo. Nos proporcionan la energía de calidad que necesitamos para realizar la actividad física diaria. Pero sucede que si tomamos hidratos de más y no son consumidos, estos se acumulan en nuestro cuerpo como grasas. No sucede lo mismo con la proteína. Toda aquella que no es consumida o utilizada, no se acumula como grasa. Por eso, si estás en época de perder peso o de afinar, incrementa el aporte de alimentos ricos en proteínas como pueden ser la carne, el pescado o los huevos, y trata de reducir (ojo, reducir pero no eliminar por completo de la dieta) los hidratos de carbonos. Esta utilización de los nutrientes te ayudará a perder grasa o afinar en determinadas épocas del año. Pero cuidado, no puedes prolongar este tipo de dietas por mucho tiempo así. Lo sano y natural es comer de todo pero con moderación. Utiliza el sentido común.

Pedro García es preparador fisico
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