Test de material Salomon XR Crossmax 2

Una de las zapatillas más exitosas de la casa francesa se renueva por dentro y por fuera con una segunda versión algo más montañera que la primera, pero sin olvidar sus raíces de servir para terrenos fáciles y corribles.

La marca francesa Salomon presentó hace unos meses una de sus apuestas más decididas para esta temporada, la segunda versión de su superventas XR Crossmax, una zapatilla con la que pretendían conseguir un buen híbrido para correr tanto por tramos de asfalto hasta llegar a cómodos caminos de tierra y senderos, aunque quizá no tan indicadas para tramos más técnicos.

Con la misma filosofía, desde Salomon han diseñado una nueva XR Crossmax que mantuviera ese espíritu, pero con la difícil misión de que se comportara mejor en los sitios a donde no llegaba su versión primeriza.

A simple vista, la segunda versión de este modelo deja notar su aire menos deportivo que la primera versión, dando una sensación de mayor robustez y amortiguación que su antecesora, consiguiendo una imagen de zapatilla más compacta y preparada para las exigencias de corredores más montañeros.

Comenzamos la revisión de este modelo por la suela. En ella cuenta con el mismo sistema, los tacos Contagrip, dispuestos en diferentes direcciones, aunque en el talón cuenta con una pieza distintiva, sin tacos y realizada en el mismo material que el resto. Una vez más, la tecnología OS Tendon está presente en un modelo de la marca francesa. En este caso, dos largos tendones se extienden desde el talón hasta la punta del pie de forma paralela.

A lo largo, la suela está dividida en cinco secciones, que buscan dotar de mayor flexibilidad un calzado que no destaca por este concepto como veremos posteriormente, estando todas ellas atravesadas por los dos tendones.

Lo que más llama la atención es el “engorde” de la entresuela, mucho más acolchada que el modelo anterior y una de las más grandes que hayamos visto en otros modelos de la misma marca. Está realizada en EVA de varias densidades e incluso por la zona exterior mantiene la división en cinco zonas que la dota de un aspecto característico.

Pasamos a la zona superior; el upper de este modelo también ha sufrido un severo remozado con respecto a su antecesora. Al igual que la zona inferior, esta zona superior parece haber ganado robustez. Se sigue apostando por el material Sensiflex para la zona situada entre el empeine y los dedos, aunque es diferente y parece ser más flexible que el de la primera versión.

La protección delantera es acusada y va cosida a un material totalmente permeable. La lengüeta viene protegida por una malla que evitará la entrada de piedrecillas y pequeñas ramas. Los cordones no podían ser otros que los efectivos Quicklace con su correspondiente bolsillo elástico para guardarlos.

A pesar de la apariencia de robustez exterior, el interior viene profusamente acolchado, sobre todo en la zona del chasis y la puntera. Para la parte inferior se vuelve a apostar por la socorrida plantilla Ortholite, que como ya vimos en otros modelos, pueden dar problemas cuando corremos con agua.

En general, la apariencia de estas XR Crossmax 2 es bastante positiva, aunque es cierto que dan cierta sensación de “tanque”, sobre todo si las comparamos con sus predecesoras. Su peso, que llega a los 330 gramos, unido a un drop de 9 milímetros nos deja a las claras que es una zapatilla robusta y con amortiguación, indicada para corredores de peso medio.

Llega el momento de calzarnos las XR Crossmax 2. En un primer momento, la zapatilla se adapta perfectamente al pie, aunque tras una primera salida, decidimos cambiarnos los calcetines por otros más finos (incluso sin calcetines, como muestran las fotos del test), ya que puede llegar a apretar la zona delantera de los dedos e incluso molestar en la zona del talón.

Los primeros pasos con este modelo atestiguan lo que ya apuntaban en un principio; la amortiguación es uno de sus puntos fuertes. Su profusa media suela hace su trabajo y no se notan las piedras del camino. Aunque no sean unas zapas tan rápidas como el primer modelo, tampoco le andan mucho a la zaga. En este caso, las apariencias engañan y no dejan de ser unas zapatillas ligeras para la robustez que aparentan.

Los primeros kilómetros se realizan por caminos sencillos y corribles, el hábitat natural de este modelo. La estabilidad y confort en este terreno es envidiable y en ningún momento dejan de comportarse de forma eficiente. Eso sí, para los corredores menos acostumbrados a zapatillas con tanta amortiguación o incluso voladoras se puede hacer un poco extraño e incluso da la sensación de ir un poco más arriba de lo habitual, algo que se va olvidando con el paso de los kilómetros.

Con esta gran amortiguación, el contra que le encontramos es que notamos mucho menos el terreno. Parece que nos “anestesiamos” y no notamos las irregularidades a no ser que sean muy marcadas, algo que en este tipo de caminos no es habitual, por lo que si eres de los que te gusta andar sobre dos montañas de algodón, te gustarán estas XR Crossmax 2.

El interior de la zapatilla es realmente confortable, con amortiguación trasera, delantera y superior, gracias a una lengüeta generosa, aunque quizá demasiado. Todo ello hace que el pie pueda quedar embutido si apretamos mucho el sistema de cordones y corramos de forma algo incómoda. Hay que andar con ojo en este apartado, sobre todo para elegir bien la talla. De hecho, comparando los dos modelos, quizá sería bueno subir media talla en el caso de comprarnos este segundo.

Con el paso de los kilómetros, nos vamos dando cuenta del acierto de la combinación de materiales elegidos por la marca de Annecy para el upper. La malla que ocupa dos tercios del mismo aporta una transpiración excelente, evitando que el pie se cueca en condiciones de calor. Si corremos en condiciones mojadas, el drenaje de la zapatilla es muy bueno, y eso a pesar del gran acolchado interior que antes indicamos.

Como ya parecía desde un principio, estas zapatillas no están hechas para terrenos complicados, aunque si no las llevamos durante largos tramos técnicos, pueden cumplir con el objetivo de agarre y estabilidad. En pedreras o zonas embarradas es donde pierden estabilidad y tracción, ya que su altura en un caso y el hecho de que el sistema de taqueado se colapsen por el otro no las hacen indicadas para estos lugares.

Además, en zonas muy húmedas podemos encontrar el típico problema de las plantillas Ortholite, y es que se doblen y sea necesario recolocarlas para poder seguir con comodidad. Al ser un modelo destinado más al entrenamiento que a la competición, este aspecto no cobra tanta importancia, ya que estaremos menos pendientes del crono o de posibles rivales.

Por sus condiciones, son un modelo perfecto para los entrenamientos por terrenos poco complicados, en los que podremos exprimirlas durante muchísimos kilómetros. A pesar de no estar concebidas para la competición, también podrían ser usadas en carreras con trazados más sencillos, aunque es preferible usar otros modelos más preparados para ello.

En general, hablamos de una zapatilla cómoda, robusta, con gran amortiguación y estabilidad. Está concebida con una visión algo más de montaña que la primera versión, pero perdiendo algo de su vena deportiva para esos tramos inevitables de asfalto. Por ello, hablamos de una zapatilla perfecta para entrenar, con una gran durabilidad y que cumplirá el objetivo de sumar kilómetros y kilómetros en todas las épocas del año.

Fuente: carreraspormontana