Un tramposo y muchos culpables: Lo que queda de un deportista después de doparse

Una semana más, leo con tristeza la prensa deportiva: 28 campeones olímpicos acusados de doping, ciclista suspendido dos años por consumo sustancias prohibidas, triatleta campeón de Europa retirado, ahora directivo federativo, envuelto en una trama de médicos, intermediarios y deportistas que traficaban con EPO.

Hubo una época que, sin saberlo, estuve muy cerca del mundo del doping, lo descubrí años después, al leer que personas muy cercanas a mi entorno habían sido sancionados por el consumo de sustancias no permitidas en la práctica del deporte profesional. Dicen que en el amor y en la guerra todo vale, en el deporte de alto nivel sucede lo mismo.

Todos dicen preocuparse por él pero en realidad  lo único que comparten es su objetivo. Si él gana, ellos ganan.

El mejor portero de la historia del waterpolo Jesús Rollán, los ciclistas Chava Jiménez y  Marco Pantani son los ejemplos más trágicos de como el deporte de alto nivel puede acabar con la vida de una persona. Son gente joven e inocente que viven con gran ansiedad para lograr su único objetivo: ganar.

Lo cierto es que el deportista nunca actúa solo, siempre necesita el consejo de su entorno deportivo, entrenador, médico, directivos, patrocinadores, todos ellos ejercen un gran poder sobre él. Todos dicen preocuparse por él pero en realidad  lo único que comparten es su objetivo. Si él gana, ellos ganan. Aún me acuerdo de la imagen de un tour de Francia, cuando el ciclista Triki Beltrán salía de su hotel esposado y custodiado por cuatro policías ¿realmente se merecen ese trato los tramposos?

Al mismo tiempo  su entorno, director de equipo, médicos, entrenadores, se lamentaban de la noticia mientras continuaban con su trayectoria profesional como si nada hubiera pasado. Se detiene al que lo consume, el deportista, pero ¿Qué pasa con el que lo fabrica, lo distribuye, el que lo recomienda o el que lo suministra? ¿El deportista es el único culpable?

La vida de un deportista profesional es de 4 a 10 años,  la de su entorno de 20 a 40 años. Pasan los años y siempre vemos los mismos directivos, los mismos médicos, los mismos entrenadores y las mismas marcas deportivas.

No nos equivoquemos, el deportista no es el único culpable, hay muchos, pero en este juego el más vulnerable es el que pierde. El resto continúa buscando nuevas víctimas.

Autor: Santiago Ferrada